Esto es un berrinche, por eso es absurdo y no admite críticas, no admite contradicciones, no admite censuras. Incluso si se las lanzan, como berrinche quiere hacer un ruido molesto que exprese mi no querer esta ausencia que se viene. Yo no paro venidas.
No pensé en nada de esto, sólo deje que llegara o lo hicieran llegar. De nuevo no estaré para muchas cosas. Tengo que aprovechar, he aprovechado, pero aprovechar no es un proceso de frenesí, es un proceso lento de degustación. No quiero velocidad, quiero lentitud y tiempo.
Ahora quiero paciencia, no mía, sino del tiempo.
He pensado en esa locura de perderme aquí y dejarlo todo, como si mi vida anterior no importara. En realidad no importa, porque esa vida si bien me ha construído no es lo que soy ahora. Ahora soy un ente en un devenir largo, pero soy fragmentos continuos, también.
Si tuviera que explicarme tendría que hacerlo desde el pasado, pero también soy un momento estático en el que lo demás no importa. El berrinche viene de tener que reintegrarme como fragmento en la continuidad cuando quiero permanecer en este fragmento. Berrinche.
Una niñería que me permito. Porque no quiero consuelos, para qué, aún así vuelvo, no quiero que me den razones para no hacer berrinche, porque no las hay. Sé que volviendo me esperan más cosas, me espera una realidad que está bien construída y en donde tengo lazos, a donde pertenezco. Pero pertenezco a tantas cosas... Quiero pertenecer todavía a más, quiero pertenecer más tiempo, más hondo, quiero enraízarme más, quiero ser múltiple, quiero ser enredadera y enredarme con otras y en medio del follaje ahogarme y fotosintetizar un sol común y labrar una tierra húmeda con todos. Quiero ser planta y hundirme en todo como si la existencia fuera un océano y naufrago con todos y así llegar a las tierras del sin fin, llevado por Iemanjá, pero con todo, con todos y los demás.
Quiero que mi alma sea un espacio que no respete espacios, un espacio de invocaciones físicas, una orgía de amistades y amores.
Berrincheo porque la despedida me la han acercado diciendo que está cerca.
Yo no quiero despedirme, porque no quiero irme, quiero traerlo todo hacia mí y no ir a hacia todo. Ir implica un movimiento en el que dejo algo atrás. Partir de un lugar para llegar a otro. Pero yo quiero la multiplicidad física, quiero estar, no quiero ausentarme, que se me ausente quien quiera, pero yo quiero ser presencia con un deseo imbécil y terco. Berrinche.
Y más berrinche, puedo quejarme y querer y no querer. Pero ¡ya! Suficiente.
Algún día habré de volver a todos lados.
Me consuelo en la metafísica de la presencia, en estar en los recuerdos, en estar presente en la saudade, en que mi presencia se destaque por mi ausencia y que me echen de menos, porque yo tengo falta de todos y de todo.
Si tan solo yo controlara la existencia...