viernes, 14 de mayo de 2010

Lejanías, cercanías y boberías

No quiero despedirme de Brasil, ni siquiera decirle hasta luego. Todo lo contrario a lo que me ocurrió al salir de México, de él quería alejarme, decirle adiós incluso, casi de manera terminante. Pero dentro de poco tiempo voy a volver y no soy yo quien busca esa conciencia, me hacen rodearme de ella y en mi propio girar de sentimientos y pensamientos me mareo en la idea de la despedida, de arrancarme de aquí. Brasil es tierra fértil, no porque no haya otras, sino porque lo es, basta con eso. No quiero transplantarme, quiero traer lo que me falta y son mis enlaces, quiero un egoísmo bestial que traiga a este lugar a aquellos que van a terminar por hacerme sentir en casa. Quiero a mi lado todos mis contextos en su forma empírica, no quiero la metafísica de las presencias, las quiero presencias concretas. Cadê!
Esto es un berrinche, por eso es absurdo y no admite críticas, no admite contradicciones, no admite censuras. Incluso si se las lanzan, como berrinche quiere hacer un ruido molesto que exprese mi no querer esta ausencia que se viene. Yo no paro venidas.
No pensé en nada de esto, sólo deje que llegara o lo hicieran llegar. De nuevo no estaré para muchas cosas. Tengo que aprovechar, he aprovechado, pero aprovechar no es un proceso de frenesí, es un proceso lento de degustación. No quiero velocidad, quiero lentitud y tiempo.
Ahora quiero paciencia, no mía, sino del tiempo.
He pensado en esa locura de perderme aquí y dejarlo todo, como si mi vida anterior no importara. En realidad no importa, porque esa vida si bien me ha construído no es lo que soy ahora. Ahora soy un ente en un devenir largo, pero soy fragmentos continuos, también.
Si tuviera que explicarme tendría que hacerlo desde el pasado, pero también soy un momento estático en el que lo demás no importa. El berrinche viene de tener que reintegrarme como fragmento en la continuidad cuando quiero permanecer en este fragmento. Berrinche.
Una niñería que me permito. Porque no quiero consuelos, para qué, aún así vuelvo, no quiero que me den razones para no hacer berrinche, porque no las hay. Sé que volviendo me esperan más cosas, me espera una realidad que está bien construída y en donde tengo lazos, a donde pertenezco. Pero pertenezco a tantas cosas... Quiero pertenecer todavía a más, quiero pertenecer más tiempo, más hondo, quiero enraízarme más, quiero ser múltiple, quiero ser enredadera y enredarme con otras y en medio del follaje ahogarme y fotosintetizar un sol común y labrar una tierra húmeda con todos. Quiero ser planta y hundirme en todo como si la existencia fuera un océano y naufrago con todos y así llegar a las tierras del sin fin, llevado por Iemanjá, pero con todo, con todos y los demás.
Quiero que mi alma sea un espacio que no respete espacios, un espacio de invocaciones físicas, una orgía de amistades y amores.
Berrincheo porque la despedida me la han acercado diciendo que está cerca.
Yo no quiero despedirme, porque no quiero irme, quiero traerlo todo hacia mí y no ir a hacia todo. Ir implica un movimiento en el que dejo algo atrás. Partir de un lugar para llegar a otro. Pero yo quiero la multiplicidad física, quiero estar, no quiero ausentarme, que se me ausente quien quiera, pero yo quiero ser presencia con un deseo imbécil y terco. Berrinche.
Y más berrinche, puedo quejarme y querer y no querer. Pero ¡ya! Suficiente.
Algún día habré de volver a todos lados.
Me consuelo en la metafísica de la presencia, en estar en los recuerdos, en estar presente en la saudade, en que mi presencia se destaque por mi ausencia y que me echen de menos, porque yo tengo falta de todos y de todo.
Si tan solo yo controlara la existencia...

jueves, 13 de mayo de 2010

Turururu iuuuu

Mi falta de escritura se traduce en un vórtice de acciones que me han arrancado, con sonrisas, frustaciones y caminatas absurdas, de este espacio tan pequeño que es mi habitación con ventana y computadora.
Las ventanas también son viajes.
He pensado en mi espacio de convivencia, en cuanto el convivio con otros intercambistas es más constante que con brasileños, cosa que explico o entiendo a partir de una dinámica de círculos y sociedades humanas, de forma que la llegada de un nuevo elemento que con el tiempo se irá implica una nueva estructuración de la dinámica, misma que después de cierto tiempo se tendrá que reestructurar. Esto no significa que las pequeñas sociedades se presenten cerradas, sino que el acceso a ellas es como el espermatozoide entrando al ovúlo, cuesta la seducción, el beso, la penetración, el orgasmo y además, entrar. Con los intercambistas es más encontrarse con otros espermas en busca de un óvulo, de tantos hasta parecemos óvulo también. Pero me revelo contra eso y hasta prefiero ser el resultado de una masturbación contra la pared en un baño sucio. Salgo de eso y me voy estrellando como pelota que rebota contra las paredes sociales de todos lados haciendo ruidos arrítmicos como es mi bella costumbre.
Yo no sé bailar, si lo supiera hasta podría conseguir que me amaran.
Sambar es difícil, pero parte del chiste está en no pensar, como es parte del chiste de la mayoría de las cosas y es que en este viaje me han querido hacer racional, pero igualmente me insurgento y hago como que escucho y después con la razón me limpio el culo, cómodamente dentro del baño. En el baño para no herir suceptibilidades, el mundo está lleno de nenitas quejumbrosas.
En el baño la libertad puede ser real.
Con todo y que soy un perezoso escribiente, ya extrañaba tirarle palabras al mundo, como si con ellas pudiera regresarle su idiotez, su sin sentido racional, su impuesto, su desequilibrio, pero ése sí me gusta, pa' que veas.
Bueno, me salgo, hoy voy a Santos a un concierto, a una playa, a una ciudad donde jugó Pelé, cosa fácil en este país que parece el trasero dulce de América, que insisto, debería ser una continente, y no un continente. La geografía también tiene ganas de bailar, sólo miren a África y América moviendo el bote juntas.
De lo demás a alguien le contaré después, a falta de oído, pues escribo. Es curioso, cada vez me ha costado más trabajo encontrar a alguien que escuche, cosa que atribuyo a que nadie tiene ganas de eso, es mucha consideración para con el otro permitirle emitir una opinión y, además, respetarla como si fuese válida.
Mi español y mi portugués andan transando, ya ni sé cuál es cuál de tanta multiplicidad que se echan, pero no le digan a nadie porque de eso tengo miedo.