jueves, 13 de mayo de 2010

Turururu iuuuu

Mi falta de escritura se traduce en un vórtice de acciones que me han arrancado, con sonrisas, frustaciones y caminatas absurdas, de este espacio tan pequeño que es mi habitación con ventana y computadora.
Las ventanas también son viajes.
He pensado en mi espacio de convivencia, en cuanto el convivio con otros intercambistas es más constante que con brasileños, cosa que explico o entiendo a partir de una dinámica de círculos y sociedades humanas, de forma que la llegada de un nuevo elemento que con el tiempo se irá implica una nueva estructuración de la dinámica, misma que después de cierto tiempo se tendrá que reestructurar. Esto no significa que las pequeñas sociedades se presenten cerradas, sino que el acceso a ellas es como el espermatozoide entrando al ovúlo, cuesta la seducción, el beso, la penetración, el orgasmo y además, entrar. Con los intercambistas es más encontrarse con otros espermas en busca de un óvulo, de tantos hasta parecemos óvulo también. Pero me revelo contra eso y hasta prefiero ser el resultado de una masturbación contra la pared en un baño sucio. Salgo de eso y me voy estrellando como pelota que rebota contra las paredes sociales de todos lados haciendo ruidos arrítmicos como es mi bella costumbre.
Yo no sé bailar, si lo supiera hasta podría conseguir que me amaran.
Sambar es difícil, pero parte del chiste está en no pensar, como es parte del chiste de la mayoría de las cosas y es que en este viaje me han querido hacer racional, pero igualmente me insurgento y hago como que escucho y después con la razón me limpio el culo, cómodamente dentro del baño. En el baño para no herir suceptibilidades, el mundo está lleno de nenitas quejumbrosas.
En el baño la libertad puede ser real.
Con todo y que soy un perezoso escribiente, ya extrañaba tirarle palabras al mundo, como si con ellas pudiera regresarle su idiotez, su sin sentido racional, su impuesto, su desequilibrio, pero ése sí me gusta, pa' que veas.
Bueno, me salgo, hoy voy a Santos a un concierto, a una playa, a una ciudad donde jugó Pelé, cosa fácil en este país que parece el trasero dulce de América, que insisto, debería ser una continente, y no un continente. La geografía también tiene ganas de bailar, sólo miren a África y América moviendo el bote juntas.
De lo demás a alguien le contaré después, a falta de oído, pues escribo. Es curioso, cada vez me ha costado más trabajo encontrar a alguien que escuche, cosa que atribuyo a que nadie tiene ganas de eso, es mucha consideración para con el otro permitirle emitir una opinión y, además, respetarla como si fuese válida.
Mi español y mi portugués andan transando, ya ni sé cuál es cuál de tanta multiplicidad que se echan, pero no le digan a nadie porque de eso tengo miedo.

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