lunes, 24 de enero de 2011

Episodio de enfermedad

He salido temprano y eso ha resultado en esto, en tanto estos horarios no me corresponden he sido atacado por una repentina fiebre y dolores corporales que me aquejan. Es lamentable, al haberme expuesto tan pronto a los efectos del sol de medio día se ha desequilibrado mi termostato y por efecto de las faltas de sueño he contraído esta curiosa enfermedad que me acosa, por cuestiones de simplicidad la llamaré resfriado, pero advierto que no se puede asegurar que esto es cierto, podría estarme enfrentando, justo en estos momentos, a una dolencia extraña que podría terminar con la raza humana como la conocemos. En estos momentos de duda me recuesto en mi cama y en una completa concentración de mis sentidos me dedico a ver la televisión. Caray, una película de Goya que va mejorando de a ratos y que tiene por eje la violencia católica de una época turbulenta de España que se mezcla con los absurdos del poder a lo que se suma mi fiebre, progresiva e incómoda que se le armoniza a las historias de torturas.
Sucede que me distraigo en las bellezas estéticas del cuerpo de Natalie Portman cubiertas de suciedad y rezando con un padre que se declara mono en un papel. Es increíble lo terrible del poder de la escritura. Estas declaraciones que yo sostengo ahora pueden representar la perdición de mi alma ante los terribles y poco cuerdos comentarios que pudo tener el atrevimiento de desarrollar.
Ahora hay una escena de guerra en la que la violencia se sustenta, como siempre lo ha hecho, en los ideales de libertad e igualdad que siempre ha destacado los argumentos de los movimientos bélicos y no reclamo porque mi juicio histórico siempre ha tenido una sensatez boba de entender que todo acto bélico termina por chingarse ante todo a aquel que debe sustentar y apuntar un arma. Es el destino, un fúsil no sólo hiere al que recibe su producto, también a quien lo promueve, a quien lo carga y a quien le da el motor económico. La guerra no se hace sin comida.
Ahora en la película aparecen putas. Es una película de matices, completa, sin duda. Rapto de mujeres, dilemas políticos, mujeres locas, pintores sordos y una serie de cuestiones que me hacen pensar en la cantidad de sobresaltos que puede tener una vida. ¿Quién lo diría? España se hace decir un prostíbulo. Una locura de vueltas, intrigas y pensar que todo eso es parte de la historia, es increíble como todo se hace fílmico y dramático detrás de una pantallas (aunque no esté detrás, sino adentro o algo similar). Otro rapto de mujeres, la guerra y su afán de mantener a los hombres aislados sólo llevan a la búsqueda constante y natural de un... ahora que los clérigos regresan al poder... Las cosas que se ven en televisión. Ahora resulta que Inglaterra restituye los poderes católicos. ¿Quién lo diría?
Aumento de temperatura súbita y un curioso reencuentro de una familia. Goya al fondo dibuja y yo escribo y veo una España que habla inglés.

lunes, 17 de enero de 2011

Hallazgo

Me encontré esto en mis vueltas por la red, me pareció curioso, así que lo reproduzco. Lamentablemente perdí el link, pero bueno, lo tarado y lo previsor hacen una combinación extraña.


Llegó papá

Las calles de República Dominicana revelan un horizonte político peligroso, no tanto por los candidatos; pienso más en lo que está detrás de las campañas, principalmente la de Hipólito Mejía. Una foto de su rostro oval, donde no se ve la cáscara, intenta reflejar a un hombre seguro y poderoso que aspira a ejercer el mando de forma paternal. ¿Qué debe entenderse de esto? Me vienen varias asociaciones a la cabeza, la primera se refiere al positivismo y la idea de que el pueblo, irresponsable e inmaduro, necesita de una autoridad paternal que cuide y vele por él, lo que también es un arrebato de la libertad social con miras al crecimiento, de forma que acabando este proceso el pueblo será capaz de tomar sus propias decisiones. Siempre con la aspiración utópica de una mejora.

De aquí mis ideas se derivan a reflexionar qué tan certera puede ser la frase terrible: Cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Será que República Dominicana pide por un gobierno como este, que contrario a lo que los optimistas pueden llegar a pensar, el país no es capaz de manifestarse crítico ante lo que esas dos palabras le proponen: Ciudadano dominicano, permítame gobernarlo que usted no sabe ni dónde está parado. La idea de Estado que se propone se asemeja al autoritarismo dictatorial, o acaso no es la idea que rige esa figura temeraria que reinó en toda América Latina, me pregunto sin preguntar. Pienso en Trujillo y sus arrebatos violentos que todavía sobreviven en la memoria del pueblo, si bien el ex presidente Mejía no se manifestó de esa forma durante su mandato no soy capaz de olvidar el tipo de autoridad monológica que ejercía.

Reviso fotos de campaña y aparecen rostros eufóricos de personas alzando pancartas. Casi con un fervor y fanatismo religioso el pueblo es capaz de seguirlo por lo coloquial de proposición, porque eso también está ahí, la salvación implícita del macho alfa que ha vuelve al poder ejecutivo. ¡Alégrate Quisqueya, estás salvada! Que si la calle está dura te mandan a la acera. El ciudadano pensante está en un desasosiego terrible, si por un lado una de las campañas políticas le hace el ofrecimiento de hacerse infante, por el otro darle continuidad al gobierno actual y arriesgarse a continuar en la misma situación tampoco parece viable.

El mensaje que Danilo da al pueblo dominicano ­­–Lo mejor para todos– no es muy claro y tampoco reconforta si se indaga sólo un poco, la vaguedad de su propuesta me deja receloso. ¿Será este hombre capaz de vislumbrar qué es lo mejor? Sus promesas de campaña deberán suplir esos espacios vacíos, porque si bien la práctica de su posible gobierno dejará con la insatisfacción típica de la retórica, al menos permitirá entender a quién está dirigido el ‘mejor’ y el ‘todos’ de su lema de campaña. La experiencia propone que se siga con la línea de trabajo de Leonel, ergo las dudas respecto a los objetivos del candidato quedan claras y el miedo deriva de estas reflexiones.

Creo que la situación actual de este país pone en duda el sistema democrático, porque no se plantean opciones que respondan al verdadero sentir del pueblo y tampoco existen medios para plantearlo, es además increíble que incluso si la abstención llega a ser mayoritaria el sistema no sea capaz de reflexionar y anularse a sí mismo. ¿En qué momento las instituciones vencen la realidad? Simple, cuando la vida se le niega en su cauce natural y éstas, siempre inmutables, persiguen y criminalizan toda posible desviación de la traza que se plantea para un orden lógico y armónico de algo que ya no parece tan razonable. Si el pueblo fuese buey el látigo le vendría bien.


Augusto Pérez