He salido temprano y eso ha resultado en esto, en tanto estos horarios no me corresponden he sido atacado por una repentina fiebre y dolores corporales que me aquejan. Es lamentable, al haberme expuesto tan pronto a los efectos del sol de medio día se ha desequilibrado mi termostato y por efecto de las faltas de sueño he contraído esta curiosa enfermedad que me acosa, por cuestiones de simplicidad la llamaré resfriado, pero advierto que no se puede asegurar que esto es cierto, podría estarme enfrentando, justo en estos momentos, a una dolencia extraña que podría terminar con la raza humana como la conocemos. En estos momentos de duda me recuesto en mi cama y en una completa concentración de mis sentidos me dedico a ver la televisión. Caray, una película de Goya que va mejorando de a ratos y que tiene por eje la violencia católica de una época turbulenta de España que se mezcla con los absurdos del poder a lo que se suma mi fiebre, progresiva e incómoda que se le armoniza a las historias de torturas.
Sucede que me distraigo en las bellezas estéticas del cuerpo de Natalie Portman cubiertas de suciedad y rezando con un padre que se declara mono en un papel. Es increíble lo terrible del poder de la escritura. Estas declaraciones que yo sostengo ahora pueden representar la perdición de mi alma ante los terribles y poco cuerdos comentarios que pudo tener el atrevimiento de desarrollar.
Ahora hay una escena de guerra en la que la violencia se sustenta, como siempre lo ha hecho, en los ideales de libertad e igualdad que siempre ha destacado los argumentos de los movimientos bélicos y no reclamo porque mi juicio histórico siempre ha tenido una sensatez boba de entender que todo acto bélico termina por chingarse ante todo a aquel que debe sustentar y apuntar un arma. Es el destino, un fúsil no sólo hiere al que recibe su producto, también a quien lo promueve, a quien lo carga y a quien le da el motor económico. La guerra no se hace sin comida.
Ahora en la película aparecen putas. Es una película de matices, completa, sin duda. Rapto de mujeres, dilemas políticos, mujeres locas, pintores sordos y una serie de cuestiones que me hacen pensar en la cantidad de sobresaltos que puede tener una vida. ¿Quién lo diría? España se hace decir un prostíbulo. Una locura de vueltas, intrigas y pensar que todo eso es parte de la historia, es increíble como todo se hace fílmico y dramático detrás de una pantallas (aunque no esté detrás, sino adentro o algo similar). Otro rapto de mujeres, la guerra y su afán de mantener a los hombres aislados sólo llevan a la búsqueda constante y natural de un... ahora que los clérigos regresan al poder... Las cosas que se ven en televisión. Ahora resulta que Inglaterra restituye los poderes católicos. ¿Quién lo diría?
Aumento de temperatura súbita y un curioso reencuentro de una familia. Goya al fondo dibuja y yo escribo y veo una España que habla inglés.
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