Cuando el tráfico está a lo lejos se puede confundir, leve, un poco de distracción de por medio, con un río. Basta con olvidar que se está en la ciudad. ¿O será acaso la manía de algunos que, como yo, tenemos de querer escuchar lo que deseamos? Mi deseo entonces sería un camino al mar.
¿Y qué equivalente tendrán, entonces, los frenéticos claxonazos-a-chingar-a-su-madre, que me despiertan cada día, cada mañana, desde que mi casa se asienta a las orillas del cauce torvo de Vértiz?
ResponderEliminarCon un oso que cree que eres comida.
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