jueves, 30 de junio de 2011
domingo, 26 de junio de 2011
Reflexión respecto a la sensación de presente
Las diversas culturas se estructuran todas en torno a la idea de tiempo. La revolución zen trajo consigo el centrarse en el presente como forma de anular las cargas históricas que en occidente adoramos, de forma que libres de pasado y sin el agobio constante del futuro el presente se revela como un instante de claridad en el que la existencia tiene sentido. La manía del instante intenta constantemente esto, encontrar el sentido con la eliminación, el olvido de lo que detrás se vislumbra y la terrible carga de continuar con lo que sea que, ajeno a nosotros, ya existe y piensa tragarnos so pretexto de haber llegado después, en ese sentido incluso parece tener sentido la liberación de culaquier otra conjugación y entonces un deber se vislumbra: Olvidarás toda conjugación ajena al presente, perderás toda perspectiva fuera del presente para salvarte del legado milenario del tiempo. Todos quieren escapar porque no cualquiera se atreve a encontrarse parado en medio de la responsabilidad que la conciencia implica y es que con ella la ignorancia se vislumbra infinita. Es por eso curioso observar a una persona que ha encontrado una certeza en la visión del mundo, se le ve curiosamente alegre porque en su corto camino de certezas cree que perdurará, siente que ha observado el mundo bien por primera vez y se alienta a sí mismo a compartir su conocimiento sin fallas, por eso la terquedad que demuestran, por eso lo débil de sus argumentos unilaterales, sin confrontaciones y con las perspectivas limitadas. Nadie que aspire a ser crítico y consciente debe creer que tiene razón, de hacerlo se está condenando a ignorar su propia situación. La estupidez, que nadie lo olvide, reina en la mente de los humanos, nadie puede salvarse de ellas así que asumirla de antemano es el deber toda persona. SOY UN ESTÚPIDO es lo que toda persona debe decirse una vez al día, pero debe saber por qué, de otra forma se cae en el estupidismo y no pretendo dar pie a una religión o a un partido político, apenas está mi intención rídicula de querer que todo el mundo se reconozca estúpido en una igualdad bien fundada. Interrumpo mi digresión.
La tradición de la memoria nos exige permanecer en la constante reflexión de un sentido. Si se proviene de cierto lugar, debe haber una dirección, de otra forma no debe existir un por qué de haber sido lanzado al mundo. Es la relación lógica que domina nuestra sociedad, algo de la idea de destino perdura en la mente de los que circulan y producen, de los que digieren y ansían, con eso quiero decir todos, pero sé que no lo he dicho. También es la idea científica de causa y efecto, como si las cosas pudiesen ser líneas que van de un punto a otro. Con esas cosas se pierde la perspectiva del accidente, se observa hacia el pasado como si todo hubiese estado planeado, sólo porque no puede cambiarse se supone que todo en él es inmutable y sin importar que tantos golpes y heridas han sido marcadas en la memoria, parece que todo se dispone a perpetuar el ciclo de violencia. El hombre es un parásito de sí mismo.
El accidente se pierde con la perspectiva de tiempo, es una condición inherente de lo que transcurre, supone que sólo durante el presente puede ocurrir lo inesperado, claro, no se puede asumir el accidente en el futuro y no se puede distinguir en el pasado, donde se diluye como hecho. En ese sentido podría suponerse que la visión de tiempo que se sustenta en el presente asume como parte de su esencia el accidente, la improvisación sin planes, apenas una idea vaga de lo que se desea; de la mano se aspira a la pérdida de perspectiva y un vértigo de velocidad que mantenga el instante en constante renovación. La pausa, el descanso han perdido su valor, se ven como errores. La contemplación contra la acción. Si se colocan como opuestos es porque la física se ha metido mucho en la cabeza de las personas y se cree que dos conceptos no pueden ocupar un mismo espacio.
Con ánimos de divagar más, pienso ahora en las contradicciones al interior de una sola persona. Fernando Pessoa y su hetoronimia podrían ser la visión del ser posmoderno fragmentado, pero me niego a verlo bajo esa sola perspectiva, prefiero imaginarlo en la construcción de una totalidad de sus posibilidades a través de la división de sí mismo en ficciones de ímpetu propios. Asumir una conciencia del ser en el extremo de hacerse raíz. En esa ramificación existe también una idea de presente compleja que se construye en el diálogo entre un Caeiro, Campos, Reis y Pessoa.
Las ganas de ir al baño me hacen dejar esta reflexión aquí. Después, si mi ánimo está dispuesto, lucharé por darle sentido a lo que escribo.
sábado, 25 de junio de 2011
Desajustes rítmicos
Las vacaciones que imaginé tranquilas tienen un ritmo improvisado de madrugadas y besos.
lunes, 13 de junio de 2011
Inicio de las vacaciones
He alcanzado la libertad supuesta que es no tener que ir a la escuela y me he sorprendido durmiendo siestas de una hora. Hay sol allá afuera y tengo una pereza infinita de ponerme en movimiento. Aunque, estoy seguro de lo siguiente, de escuchar una propuesta de ella sería capaz de recorrer la ciudad entera; afortunadamente he podido permanecer estático y cuando cierro los ojos hay animales que nadan en el aire. Mi cabeza se predispone a la actividad pictórica y mis ojos quieren extenderse cámaras. Una pretensión boba de querer ver y ver, supongo que esta reclusión que se sustenta en la pereza apunta a eso, a obtener la capacidad de maravillarme. A veces me descubro encontrando excelentes pretextos para quedarme sin hacer nada, imagino que es contemplación, pero despúes de pensarlo un rato no recuerdo bien qué era lo que se supone que estaba haciendo, desvariaciones fundamentadas en la flojera.
Aunque debo confesar que era esto lo que anhelaba, la terrible capacidad de decidir no hacer nada. Un poco fundamentado en eso no le he marcado o me he manifestado en su día, para que la idea de su presencia no me arrastre a alcanzar velocidad o prisa, aunque por eso he sonreído menos el día de hoy.
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