miércoles, 27 de julio de 2011

El truco para la creación es la violencia, un inusitado deseo de romper con lo que rodea. Se dibuja para apropiarse de las formas y los colores. Se escribe para hacerse con el lenguaje y con el manipular los sistemas cognitivos. Se arquitecta para manipular el espacio y cambiarlo. Lo diferente como posibilidad creativa. Cuando se vislumbran las veredas posibles se juega y lo lúdico en el hombre es el principio de todo lo trascendente del hombre.

Reflexión veloz respecto al Copyright

Leí curioso un artículo publicado en Folha de São Paulo que decía que George Lucas había perdido el derecho de los stormtrooper, los soldaditos blancos que se mueren a cada rato. Lo curioso es que lo perdió ante el artesano que los llevó a la realidad, un señor que los mercaba para los fans en Inglaterra. Me parece interesante que sea en Inglaterra donde este hombre pudo arrebatarle el derecho de creación, el argumento fue básico: no es una obra de arte.
Mientras por un lado considero que Lucas tiene algo de creatividad invertida en los monigotes estos, me divierte que en Inglaterra a diferencia del resto del mundo puede vencer el multiplicador, la manufacción puede arrebatarle a la gran esfera de compañías y marcas lo que no se puede reproducir aunque haya sido insertado en la cabeza de la sociedad actual a fuerza de anuncios y mierda mediática, además de películas y lo que representa el "universo mítico" de una sociedad de valores inestables, por lo que precisa de la creación de una épica en la cual imaginar que hay algo abstracto y que es sólido.
Pero esa épica es una marca, es igual que Coca-Cola y que Bimbo, se viste y se escucha. Incluso podría estar en la bolsa de valores y tener inversionistas. La fuerza es un porcentaje y genera ingresos pero no salva a nadie. George Lucas no aparece en la trifulca, en realidad la que se encarga de vigilar los intereses es la figura diábolica de Lucasfilms que planea obtener una indemnización y esas cosas legales que le den dinero y mantenga a raya a los que lucran con su trabajo en forma de Star Wars. Por lo que deduzco, hábilmente si me lo permite el lector, que si me disfrazo de Chewbaca y con ello me pagan estaré en una demanda inmediata, presa del fanatismo maníaco de las marcas.

lunes, 25 de julio de 2011

Paseo nocturno III

Paseo nocturno III

Encendió la radio. Esperaba, fumaba un cigarro y buscaba entre las estaciones algún sonido que el azar le tuviera deparado. Tenía la idea de que la programación se configuraba siempre en torno a una persona que en ese momento podía o no escuchar lo que se le había deparado, de hacerlo encontraría en la música una respuesta a lo que estaba viviendo o pensando. Buscaba entre las estaciones. Se detuvo en cualquier cosa. La búsqueda aleja del objetivo, pensó y se supuso sabio.

Había hecho calor, en verano eso es una lluvia como consecuencia. Se sentía incómodo. La calle tenía baches. Empezaron las noticias y una voz decía sandeces. La colilla al piso. Gotas caían. Estaba estacionado, cambió la estación, sonó Debussy, Nubes. La radio no era para él. La sobrepoblación abría posibilidades. Siguió escuchando. Quizá la radio le prometía un cambio en su vida. La canción terminó.

Le parecía un juego de azar, se necesita de suerte para encontrar la programación que le corresponde al oyente. Imaginó las probabilidades, números. Anochecía, así que salió a caminar para despertarse, comprar café o refresco para despabilarse. Eligió refresco. Con la lata y el cigarro esperaba, los ojos afuera. Pensaba en posibilidades y recordaba la semana. Era viernes y esperaba relajarse. Bocanada de humo.

Arrancó y cambió la estación. Vio a un hombre de treinta años tomar un taxi. Vio a un niño verlo. Sonó en otra estación The Beatles, no era para él. Salió de la avenida en la que estaba. Una motocicleta apareció a su lado. Sonó un trueno, la lluvia toda. Vio en las vías del tren a un hombre suicidarse y sonrió. Sonó una ranchera, pero oyó el agua caer.

Entró a una calle. No tenía rumbo y aceleró. Un sonido que no era música le surgió enfrente. Frenó y vio en el pavimento a un joven que se mojaba en el piso. El paraguas rodaba. El Himno a la alegría surgía del celular del muerto y sintió que había ganado la lotería. La felicidad pareció inundarlo todo.

sábado, 9 de julio de 2011

A las palabras hay que temerles, en cualquier momento pueden salir de control y decir cosas completamente distintas a las que se esperaban. Un color puede escaparse y ampliar su capacidad cromática, tal es el caso del blanco que termina por ser la acumulación de todos los colores otros. En serie se resignifican en un proceso de construcción e interpretación, una palabra tras otra llevan a un efecto curioso de peso de significados en el que la construcción de frases disimula la importancia de cada una de las palabras. Para respetar la importancia de cada palabra es preciso sacarlas de su lugar común, de su ubicación típica y esperada, para que por medio de la sorpresa se pueda recuperar la locura de significación de las palabras. Hay que tener cuidado, la próxima vez que se abra la boca puede caerse en un abismo cavado por la lengua propia.