sábado, 9 de julio de 2011

A las palabras hay que temerles, en cualquier momento pueden salir de control y decir cosas completamente distintas a las que se esperaban. Un color puede escaparse y ampliar su capacidad cromática, tal es el caso del blanco que termina por ser la acumulación de todos los colores otros. En serie se resignifican en un proceso de construcción e interpretación, una palabra tras otra llevan a un efecto curioso de peso de significados en el que la construcción de frases disimula la importancia de cada una de las palabras. Para respetar la importancia de cada palabra es preciso sacarlas de su lugar común, de su ubicación típica y esperada, para que por medio de la sorpresa se pueda recuperar la locura de significación de las palabras. Hay que tener cuidado, la próxima vez que se abra la boca puede caerse en un abismo cavado por la lengua propia.

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