miércoles, 23 de septiembre de 2009

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Las ventanas también se derriten.

Giro del cuello a la derecha

Una ventana que da a un edificio.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Sensaciones de un sábado tardío

A las 6 el pasado volvió a mí. Sensorialmente estaba observando República Dominicana con la intuición de estar en domingo. La música ayudaba, no recuerdo qué era, pero era suave, como la música de la 91.3 fm. Me sentí falso estando aquí y esbocé el paisaje del malecón de Santo Domingo desde mi niñez, mi juventud y mi ahora, en una mezcla de tiempos que ni siquiera el jazz sería capaz de entender.
Hoy por un momento he extrañado la playa, el calor, la lluvia del Caribe y la sensación de estar en mi hogar. Cosa extraña porque no me concibo con una idea de hogar estable, sino siempre en movimiento, la idea de hogar cambia con mi deseo de estar en mi otra parte por lo que ello ofrece, descanso. Lo que no significa que no pueda descansar aquí, sino que el descanso de allá es lo que saboreo ahora. Estar tirado viendo la lluvia caerse con alegría e ímpetu del cielo, sentir calor, la brisa húmeda y fresca, junto a todo eso una inmensa alegría de no hacer nada.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

En medio de la somnolencia.

Sumergido y agotado. Esa es la curiosa sensación de sueño que me rodea y hoy no quiero dormir porque parece que un ave de mal agüero se posó en mi cabeza, si durmiera con ella encima terminaría por picotearme los sueños y las ideas de forma que no podría levantarme mañana sin maldecir. La sensación de sumergido se explica por cierta sensación de peso de mi cuerpo, me pesa desde abajo y desde arriba, por los lados, por dentro; es como si estuviera a mitad del oceáno. Agotado... el cansancio hace que el movimiento sea un esfuerzo no sólo físico sino de la voluntad, la sensación que tengo de mi cuerpo se acentúa ante el peso de una metafísica que no es mía pero que se ha abalanzado sobre mí, así debe sentirse una pelota ponchada sobre la cuál se para un gordo. Espero un pedazo de sonrisa que venga a rescatarme.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Nocturnidades

Pienso en qué escribir por el hecho de tener la capacidad de hacerlo. Mientras pienso mis ojos somnolientos se dedican a ver el cursor de escritura, incluso borro para verlo retroceder y comerse mis palabras, una y otra vez. Me divierte, con todo y la imposibilidad de recuperar palabras, se me olvidan y borro 'olvidan' para ver si apagando el concepto puedo recuperar esos espacios de memoria que quizá valgan la pena, aunque reducido a la escritura los recuerdos sólo son palabras, de forma que siendo yo capaz de escribir puedo inventarme mi memoria. Es hora de dormir. El cursor sigue parpadeando y me dan ganas de morderlo cada vez que aparece.