¿Aventuras de Florianópolis? Soy tan tranquilo que si algo pasó como para contarlo no me parece que deba contarlo. No veo sentido en decir que no le quitaba los ojos de encima a una artesana uruguaya porque creo que todos deberían verla como yo la veía, la variante está en qué hacer. Pero incluso si fuera yo capaz de seducir a voluntad no hubiera hecho nada porque no encuentro sentido en irrumpir tan bruscamente en la vida de nadie, prefiero ser incluido, llamado y entonces podré hacer todos los destrozos que no quiero.
Como toda experiencia está llena de personajes extraños y que a veces se llega a pensar inolvidables, pero se olvidan. Yo todavía no olvido un par, al menos no me olvido de mí. Porque entre tanto uruguayo, argentino y brasileño, un mexicano tenía que ser una cosa extraña.
Hay cosas que contar, bastantes porque fueron cuatro días sumergidos en otra ciudad, otro pedo pues. También era lo mismo.
La playa no le gana a Bayahibe. Pero creo que no hay playa en el mundo que pueda hacerme cambiar de opinión, apenas les permitiría equipararse un poco, pero ninguna como ella, ninguna mejor. A las demás playas del mundo podré guardarles cierto cariño, o anhelar conocerlas, como las playas de Bahia, más ahora que leo más y más a Jorge Amado. El último que le leí lo acabé hoy, Mar muerto, pfff...
Pero Bayahibe es la playa de mis amores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario