Tomo el vuelo a Sao Paulo.
Mis padres fueron a despedirme, lo que me recuerda que llegué a preguntárselo a mi papá, su respuesta fue un enojo por que la respuesta era obvia, pero a veces no reconozco obviedades. Dos personas más fueron a despedirme, Mauricio y Carolina, quiénes me conocen tienen cierta idea de quiénes son y pueden explicarse su presencia con conjeturas, quién no me conoce puede jugar a inventar historias, eso me importa poco. Estaban los cuatro ahí. Faltó mi hermano, tenía clase.
Supongo que los aspectos de la despedida pueden despertar expectativas, pero es sólo una dinámica de alegrías y tristezas que se mezclan, también un poco de llanto. Yo no lloré, no tengo esa costumbre.
El vuelo fue largo, pero no soy capaz de responder un número sin equivocarme. Las medidas no las consigo entender, al menos creo que de ahí viene mi equivocación, la otra puede ser que soy medio idiota, pero eso es cuestión de perspectivas y la una no niega a la otra. Durante el vuelo me límite a sentir lo que es el hecho de realizar la lejanía. Me refiero a que la idea de distancia no la había asimilado hasta comenzar a estar muy lejos. Supongo que es la costumbre de volar.
Lo demás sería hablar de cuántas veces fui al baño o de lo que comí y lo mala que puede llegar a ser la comida de avión, pero eso no me importa. Vi la película de Astroboy e hice un par de anotaciones, nada importante cuando se releen.
En Colombia tomé el avión a São Paulo y ahí me divertí con el cambio de atmósfera, muchos brasileños y un mexicano con un libro de Arreola en la mochila que no abrí más de tres páginas. Estaba cansado y me dormí, un sueño intranquilo pero con ventana. Obscuridad y obscuridad. Hubo un momento en el que me desperté. El avión volaba sobre el amazonas. Esa oscuridad ahí abajo no era una obscuridad cualquiera. Si hubiera podido sacar la cabeza... Sentí, quizá por saberlo, que el amazonas me tragaba. ¿Cómo lo supe? El avión tiene un aparato muy curioso que indica la posición del avión respecto al globo terráqueo. Ahí estaba yo, cansado, despertando para saber por una pantalla que estaba sobre el amazonas, un pedazo de tierra que late.
Cuando volví a despertar casi aterrizábamos, yo y los demás. 2 de la mañana hora de México, 6 hora de São Paulo. Era casi como estar crudo, sumergido en una resaca de tanto aire y cielo. Cuando el avión aterrizó todavía estaba oscuro, cuando salí del aeropuerto rumbo al hostel ya era de día y mis ojos se comenzaban a cerrar. En el hostel me dormí, 4 de la mañana hora DF. Desperté hambriento cuatro horas después listo para poner a prueba mi portugués chilango. Encontré un restaurante de Slow food, donde cobran por kilo. Después caminé con Faros en el bolsillo y una tutsi pop en la boca, la cual estaba conmigo por mi manía de tener dulces para ocasiones particulares, aclaración que hago porque tengo otras 5 que responden a otro tipo de circunstancias. Soy un niño.
¿Qué hice en mi primer día en Brasil? Salí con una peruana que también está de intercambio. Visité el Memorial de América latina y después fui por cerveza al Tribunal (el nombre me da gracia por la posibilidad de juegos de palabras que no hago) donde encontramos a unas amigas de la prima de la peruana, que por cierto, tiene familia en la ciudad. Bebimos y bebimos para que después me dejaran en mi hostal.
La vida es bella.