lunes, 8 de febrero de 2010

Tic-tac...

Hay algo así como un reloj que me recuerda que me voy el 17 a São Paulo, digo, es un calendario, pero parece reloj, mide tiempo y esas invenciones del hombre como las efemérides que siempre son un buen descanso de lo cotidiano, que no es tan malo, pero que bueno es darse un descanso.
¿Qué implica que pasen los días? Simple, una leve sucesión de hechos que se han hecho y una inmensidad de acciones por hacer. A cada momento surge algo nuevo, otro detalle. No lloriqueo, sólo me quejo y me pedorreo, total qué más da, lo terminaré haciendo, todo lo que se tenga que hacer, sin que eso signifique que no deje de lado cosas, sino más bien que le echaré la culpa al destino en la misma actitud gorda de quejas y flatulencias.
Con todo y todo hago lo posible, debo aprovechar el tiempo. Eso de aprovechar el tiempo me hace pensar en no dormir y algo como drogarme mucho, cafeína, cocaína, taurina, quesadilla, Lidia, axila, orina y cosas de esas, seguro ponen chido.
Pero un buen ejemplo del absurdo es que a pesar de todo mañana seguramente no tendré nada que hacer y me pondré a leer tranquilamente para que cuando llegue la noche diga de nuevo: Chale, tengo un buen de cosas que hacer y ya mero me voy.
Ya mero me voy, pero al menos ayer hice la traducción de un fragmento de una novela de Jorge Amado, quizá mañana la revise y después la use de avioncito. Vuela literatura, ¡vuela!

2 comentarios: