Ha sido un día largo en tanto llevo 12 horas despierto y viendo gente, encargándome de despedidas fugaces, pero que algo han de tener de significativas. Ahora ceno frente a la computadora preguntándome cómo debería sentirme, pero no logro conseguir nada y creo que en eso reside mi respuesta. Es sólo un viaje, largo, claro, pero sólo un viaje, con regreso y cambios. Qué carajos, ante un viaje hay dos emociones de fuerza: el entusiasmo y la saudade (cierta añoranza o nostalgia, tristeza pues). Siento ambas cosas, pero ninguna de las dos importa realmente. Es como ir a caminar, dar una vuelta, pero ahora más lejos, con más tiempo y esas cosas. Basta con aumentar la distancia y la duración para que las cosas tomen sentido, un aumento en la potencia y las cosas se vuelven importantes. Basta con preguntarle a cualquier obeso o anoréxico, ellos saben de esas cosas, las viven.
1.09 am Ya es 17, el 17 me gusta como número. Un evento de mi sola incumbencia me arrancó del proceso de escritura, el cual por ser yo tan prosaico me ha arrebatado toda oportunidad de continuar esta cosa. Me alegra, valía más la pena.
Lo que me recuerda, he estado reflexionando respecto a la utilidad de la poesía, de la lírica. Piensa, piensa, piensa... Me voy a cambiar los pantalones, es hora de la piyama, fresca y limpia, al menos más que los pantalones. Dicen.
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