Entre esas cosas empieza a amenazarme la idea del regreso. Me quedan tres meses. Dentro de poco estaré de vuelta y todavía quiero hacer tanto, todavía me queda tanto por hacer. Me dan ganas de quedarme aquí y ya, dejar lo demás allá extrañando todo todo el tiempo, arraigándome un poco aquí todo el tiempo. ¿O ya van tres meses y me quedan dos? A dónde se me va el tiempo que a pesar de lo mucho que he hecho siento que me falta tanto. 22 libros por comprar, mínimo. Un viaje a Bahia, una pasión fugaz que me haga cantar por las calles. Me falta ir a Rio, también... Tantas playas, tantas cosas. Quiero irme y volver, irme y regresar aquí. Pero entonces comienzan los dilemas. Cuando vuelva nada será lo mismo allá, cuando vuelva a São Paulo las cosas habrán cambiado y así los ciclos se alargan con la posibilidad de que al final no termine quedándome en ningún lugar, cosa que no me molesta, pero que tiene un poco de tristeza incluída. Todo ahí es cosa de atrevimientos y posibilidades, de deseos y búsquedas.
Sentí que aquí en Brasil encontraría algo que por alguna razón me esperaba, creo que era sólo Brasil, no un alguien, no una experiencia, sino Brasil con sus mujeres, su comida, su risa, su baile, su desinterés por mi estupidez y mis errores. Brasil con amistades esperando, que basta con sentarse un poco, pedir la hora y seguir la conversación y todo sigue en su devenir natural de la vida.
Llegué a pensar que sería egoísta de mi parte irme, porque sería arrancármele a los cariños que están allá en México, pero me doy cuenta también de que es egoísta cerrarme al cariño que me espera a cada esquina. Al final no sé que quiero, quiero ser múltiple y no tener que tomar una decisión que niegue lo demás. También quiero escribir una novela, no con aspiraciones literarias, sino buscando la mera satisfacción personal. Ahí quiero ser todo lo egoísta posible, a mi manera. No pensaré en un lector en específico, no pensaré en decir algo en particular. Es por eso que no se me ocurre nada. Dar tiempo al tiempo.
Tengo sudor seco sobre el cuerpo.
En un par de días empezaré a recorrer la ciudad velozmente. Falta tan poco que me da miedo.
Yo tengo un problema con el tiempo, el no entiende que debe seguir mi ritmo. No se da cuenta que simplemente me hace quedar mal con sus velocidades fuera de lugar. Llego tarde, se pasan los días y al final gasté mi energía en intentar sin lograr.
Me daré un baño sin saber bien qué hacer después. Opciones múltiples.
Investigar de una beca en la USP porque la UNAM me niega toda ayuda. Pensar en conseguir un trabajo temiendo porque eso me quitará tiempo y el tiempo y yo tenemos problemas, porque no sigo su ritmo. Pero no podré hacerlo entender, a pesar de mis esfuerzos. Ojalá no hubieran castrado a Cronos, igual y daba para que salieran más musas, una para cada uno, de hasta tres o cuatro. Luego que la economía se encargue si nadie trabaja.
Me pregunto si en algo de todo esto habré madurado un poco, como para decir: En Brasil crecí.
Pura popo. En Brasil aprendo de algo que no soy capaz de decir, porque no sé si aprendo o desaprendo. Además tendría que ser profeta o un buen escritor como para hacerle creer al lector que realmente hay en mi algo diferente.
Me dijeron que he perdido un poco de mi acento, eso me ha hecho pensar y me divierte.
Tengo ganas de quedarme, pero tengo que regresar. Quedarme...
Acuérdate de la carta a Fonseca. Si te obliga cortésmente a que no lo estés jodiendo, entonces podrás decir que Rubem Fonseca te mandó a la chingada y eso ya es mucho para todos nosotros los habitantes desterrados de este nuestro mundo chiquito de la literatura. De lo demás, no te preocupes, aunque sigas pensando y pensando, el día de regresar llegará y no sabrás ni por donde, así es la cosa.
ResponderEliminarEl problema es que encontrar a ese hombre me ha costado mucho trabajo.
ResponderEliminarEu li!
ResponderEliminarEntão acho que vou ter que começar escrever em português também.
ResponderEliminar