Como desearía que el libro no acabara. He hecho de él un compañero del que no me quiero separar porque el camino que iniciamos todavía no acaba y puede que no acabe nunca, por lo mismo el libro se acabo, quizá con él se acabe mi desasosiego. Son curiosas las ironías de la vida, con su lectura encontré sosiego y tranquilidad.
Ahora habré de crear todo lo que necesito dentro de mi, hacer míos los objetos que necesitan mis sensaciones para huir del caos y forjarme a mí mismo en un desapego de la realidad. Le declaro la guerra a la realidad por medio de la ficción y no me importa ganarla, simplemente demostrarle que mi vida es mía y no suya, al menos por cinco minutos.
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