domingo, 23 de agosto de 2009

Fragmento de un domingo

Se ha ido desarrollando en mí una extraña necesidad de no hacer nada, de escuchar el día pasar sin tener que vivirlo, sólo contemplarlo tal y como él quiera ser. Para la siguiente semana tengo que leer dos novelas y hacer una exposición, no logro sacarme la idea de la cabeza y tampoco consigo ponerme hacer algo. En realidad no es la gran cosa, pero me siento anclado con el plano de la acción, si Pessoa pudiera escucharme me entendería.
Preparé una comida como para cuatro personas y comí solo. Haciéndome eco en la música y la contemplación del cielo por la ventana. Quizás la comida se enfríe y nadie se la coma, pero mira a las nubes aposentadas en el cielo, a ellas no les importa y por eso son hermosas. Lo que me recuerda que alguno de estos días tendré que escribir mi queja a aquella expresión: "Todos los hombres son iguales"; no me interesa defender al hombre, lo que me irrita es el pedestal desde donde está dicha. Siempre he dicho que los hombres son pendejos y las mujeres son unas perras, si el hombre no fuera un pendejo el amor no podría existir. Algún día la liberación masculina será una realidad.
Me gustaría saber qué se dicen las nubes, seguramente planean el clima lluvioso de la tarde y lo soltaran justo cuando un señor trajeado salga de su casa, para reírse un poco.
La contemplación de la vida es uno de los grandes placeres encerrados en el ocio.
Hay tanta luz en el aire que el día se ve blanco.

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