miércoles, 21 de abril de 2010

Me faltan 2 meses

Uy... falta muy poco...

De pensar que debí escribir algo, etc.

La idea de escribir es más difícil que la acción misma, tanto así que para escribir las personas pasan por un proceso cruel de buscar dentro de sí algo que decir. Lo que nos hace pensar en el verdadero problema que está detrás de la dificultad del ejercicio de la escritura. Ya nadie tiene nada que decir, no a conciencia, no sé si logré explicarme. El hecho de que la comunicación de ideas se dificulte nace de la falta de información a comunicar y a la vez de la ausencia de una conciencia de las herramientas comunicativas o un reconocimiento de la falta de capacidad en su uso. Aunque de ahí se desprende una cantidad de problemas incuantificables para alguien que como yo tiene sueño y mañana se tiene que despertar para escuchar hablar del modernismo brasileño. Pero puedo mencionar la inseguridad comunicativa, no confiar ni en el contenido ni la forma propia. Siguiendo esta base de la poética aristotélica podría darse pie a los otros posibles problemas, como: confianza en el contenido, pero no en la forma; viceversa y pa' dentro.
Ahora revelaré la razón por la que escribí al respecto, porque también tengo algo que decir, aunque carece de importancia, lo reconozco.
Escribo porque pensé que no escribo por hacer otras cosas más apreciables para los sentidos. Aunque ahora que lo pienso bien, estoy equivocado. Qué más da.
Regresando a la escritura... Es por mi ligera conciencia de esto que escribo "tanto" aquí, porque escribo sin pensar ni en forma ni en contenido y así sale algo amorfo y feliz.

Nota 1. Walter Benjamin tiene un ensayo del papel del narrador bien bueno.

viernes, 16 de abril de 2010

Escritura rápida antes de darme un baño para hacer algo

Bien, rápido. Sin muchas contemplaciones, pero con ganas de decir algo.
Entre esas cosas empieza a amenazarme la idea del regreso. Me quedan tres meses. Dentro de poco estaré de vuelta y todavía quiero hacer tanto, todavía me queda tanto por hacer. Me dan ganas de quedarme aquí y ya, dejar lo demás allá extrañando todo todo el tiempo, arraigándome un poco aquí todo el tiempo. ¿O ya van tres meses y me quedan dos? A dónde se me va el tiempo que a pesar de lo mucho que he hecho siento que me falta tanto. 22 libros por comprar, mínimo. Un viaje a Bahia, una pasión fugaz que me haga cantar por las calles. Me falta ir a Rio, también... Tantas playas, tantas cosas. Quiero irme y volver, irme y regresar aquí. Pero entonces comienzan los dilemas. Cuando vuelva nada será lo mismo allá, cuando vuelva a São Paulo las cosas habrán cambiado y así los ciclos se alargan con la posibilidad de que al final no termine quedándome en ningún lugar, cosa que no me molesta, pero que tiene un poco de tristeza incluída. Todo ahí es cosa de atrevimientos y posibilidades, de deseos y búsquedas.
Sentí que aquí en Brasil encontraría algo que por alguna razón me esperaba, creo que era sólo Brasil, no un alguien, no una experiencia, sino Brasil con sus mujeres, su comida, su risa, su baile, su desinterés por mi estupidez y mis errores. Brasil con amistades esperando, que basta con sentarse un poco, pedir la hora y seguir la conversación y todo sigue en su devenir natural de la vida.
Llegué a pensar que sería egoísta de mi parte irme, porque sería arrancármele a los cariños que están allá en México, pero me doy cuenta también de que es egoísta cerrarme al cariño que me espera a cada esquina. Al final no sé que quiero, quiero ser múltiple y no tener que tomar una decisión que niegue lo demás. También quiero escribir una novela, no con aspiraciones literarias, sino buscando la mera satisfacción personal. Ahí quiero ser todo lo egoísta posible, a mi manera. No pensaré en un lector en específico, no pensaré en decir algo en particular. Es por eso que no se me ocurre nada. Dar tiempo al tiempo.
Tengo sudor seco sobre el cuerpo.
En un par de días empezaré a recorrer la ciudad velozmente. Falta tan poco que me da miedo.
Yo tengo un problema con el tiempo, el no entiende que debe seguir mi ritmo. No se da cuenta que simplemente me hace quedar mal con sus velocidades fuera de lugar. Llego tarde, se pasan los días y al final gasté mi energía en intentar sin lograr.
Me daré un baño sin saber bien qué hacer después. Opciones múltiples.
Investigar de una beca en la USP porque la UNAM me niega toda ayuda. Pensar en conseguir un trabajo temiendo porque eso me quitará tiempo y el tiempo y yo tenemos problemas, porque no sigo su ritmo. Pero no podré hacerlo entender, a pesar de mis esfuerzos. Ojalá no hubieran castrado a Cronos, igual y daba para que salieran más musas, una para cada uno, de hasta tres o cuatro. Luego que la economía se encargue si nadie trabaja.
Me pregunto si en algo de todo esto habré madurado un poco, como para decir: En Brasil crecí.
Pura popo. En Brasil aprendo de algo que no soy capaz de decir, porque no sé si aprendo o desaprendo. Además tendría que ser profeta o un buen escritor como para hacerle creer al lector que realmente hay en mi algo diferente.
Me dijeron que he perdido un poco de mi acento, eso me ha hecho pensar y me divierte.
Tengo ganas de quedarme, pero tengo que regresar. Quedarme...

domingo, 11 de abril de 2010

Fragmentaciones varias

Ya casi van dos meses que estoy fuera de México, falta poco, una semana tal vez. He pensado en eso porque ya empiezo a tomar otro ritmo y crear otras relaciones, de forma que las otras de repente me parecen lejanas, me estoy alejando porque la distancia no lo es todo, pero es un factor importante. Si buscara mantenerme cercano a todo lo que se quedó allá no podría hacer nada aquí, en esta mi otra realidad que me pide quedarme, con voces y no con sensaciones. No recuerdo bien voces. A veces veo rostros familiares en personas desconocidas y me río un poco en mis adentros, apenas diciéndole algún amigo lo que veo, lo que pienso y lo demás lo digiero solo. Lo que siento, eso lo dejo para otras cosas, lo guardo para estallar después en dibujos y escritos, cualquier cosa, una mujer si es que algo así se cruza en mi camino y se arriesga a eso. Lo guardo para hacerme más irracional. Olla de presión.
He escrito cosas que parecen versos pero que reconozco débiles como para llamarlos así, aunque no seré yo el que los niegue, son míos y tienen mi arritmia, mi falta de sutileza y un poco de sinceridad, también mi caos y mis relaciones inconexas. Son escritos míos y por la forma en la que los escribí son muy yo, con lo que eso pueda significar, aunque todavía no los hago burlarse de sí mismos y de todo lo demás, les he guardado la risa para después. Escribo sin pensar, apenas teniendo en cuenta que la lengua tiene que comunicar, pero no pienso en lo que plasmo, sin intención alguna, sólo pongo texto tras texto. Quizá a alguien le sirva, a mí me entretiene. Puede que después decida escribir con finalidades más trascendentales, con ganas de decir algo importante, con menos posmodernidad, con menos individuo y más otro, más demás, más ustedes, más la banda. Ahora escribo rascándome la barriga y teniendo pie en el frío, sin querer decir nada, sólo veo como salen las letras, incluso las borro para ver como desaparecen los contextos. (Imagina estas locuras en verso, sólo hago prosa que fragmento en cosas como versos). Cuando decida escribir como hombre de oficio yo mismo tendría que reírme de eso. Ojalá me paguen.
¿Cómo será regresar? Me quiero ser muchos para hacer nada con más enfásis de contemplación.

sábado, 3 de abril de 2010

Floripa!

Mi viaje a Florianópolis fue... además de un conjunto de acciones al lado del mar, una reflexión inconstante de mi levedad de cáracter, es decir, siento que me falta agitar el fondo del mar con movimientos torpes. Las acciones tienen más sentido que mis reflexiones, porque discordan. Mis reflexiones apuntan a hacer más, más todavía de lo que hice, cansarme, agotarme, ser casi heróico y caminar kilometros inimaginables, llenar computadoras de fotos, pilas de escritura, esbozos y dibujos. Me desespero porque quiero más, no me soporto tan estático, tan expectativo, no cuando tengo la capacidad de volverme loco.
¿Aventuras de Florianópolis? Soy tan tranquilo que si algo pasó como para contarlo no me parece que deba contarlo. No veo sentido en decir que no le quitaba los ojos de encima a una artesana uruguaya porque creo que todos deberían verla como yo la veía, la variante está en qué hacer. Pero incluso si fuera yo capaz de seducir a voluntad no hubiera hecho nada porque no encuentro sentido en irrumpir tan bruscamente en la vida de nadie, prefiero ser incluido, llamado y entonces podré hacer todos los destrozos que no quiero.
Como toda experiencia está llena de personajes extraños y que a veces se llega a pensar inolvidables, pero se olvidan. Yo todavía no olvido un par, al menos no me olvido de mí. Porque entre tanto uruguayo, argentino y brasileño, un mexicano tenía que ser una cosa extraña.
Hay cosas que contar, bastantes porque fueron cuatro días sumergidos en otra ciudad, otro pedo pues. También era lo mismo.
La playa no le gana a Bayahibe. Pero creo que no hay playa en el mundo que pueda hacerme cambiar de opinión, apenas les permitiría equipararse un poco, pero ninguna como ella, ninguna mejor. A las demás playas del mundo podré guardarles cierto cariño, o anhelar conocerlas, como las playas de Bahia, más ahora que leo más y más a Jorge Amado. El último que le leí lo acabé hoy, Mar muerto, pfff...
Pero Bayahibe es la playa de mis amores.

jueves, 1 de abril de 2010

Transcripción de anotación en un cuadernillo casi lleno

Voy a llenar el silencio con mi propia voz y los espacios vacíos con los colores que salen de mi alma.

martes, 23 de marzo de 2010

A dor de pensar (cita)

A inteligência lembra uma varinha de condão: graças a ela, tudo o que dormia o sono da nada, incluindo o próprio Homem, acorda para a existência. Ser é ser objecto de conhecimento. A mesma varinha, porém, por um uso intenso e persistente, acaba por esvaziar de realidade as coisas, fá-las regressar ao nada de onde vieram. É um instrumento de destruição que vitima aquele que o maneja, lhe provoca a dor da universal ignorância, a sensação de tactear nas trevas, e ao mesmo tempo o cansa, o corrói, mina as condições elementares de felicidade.

Jacinto do Prado Coelho, Diversidade e unidade em Fernando Pessoa.

miércoles, 17 de marzo de 2010

A 17 de marzo de 2010

A un mes de vivir en Brasil

A un mes... De repente ha sido poco tiempo, poco tiempo para conocer la ciudad, no he conocido el centro, no he conocido todas sus calles, no he conocido el pensamiento de otros estudiantes de literatura, no he entrado a las favelas, no he comido una tonelada de feijoada ni de maracuyá, no he participado de partidos internacionales, no he bailado samba a la luz de la luna, no he bebido cachaça como idiota, no he encontrado cigarros brasileños que hablen bien del fumador nacional, no he tenido tiempo de tener saudade de aquello que dejé con mi viaje, no he escrito una gran obra y no he vendido dibujos a los brasileños ricos que se atreverían a pagar mis desvaríos pictóricos, no he sido el explorador tenaz e inaudito que todos querrían ser y que por lo mismo nadie es capaz de ser, no he encontrado casas de fado, no he escuchado poesía en voz alta entre gente aburrida que se queda en que la poesía es escrita, no me he hecho un experto en la cultura culinaria, no he roto el cielo con mi humanidad ni siquiera he juntado plumas como para decir que desplumé un pollo para hacerme alas, no he desayunado con una familia brasileña, no he gritado en español despechos o pasiones, no he robado libros que nadie leerá, no me revolcado en otras sábanas, no he roto botellas por descuido ante la inestabilidad de la realidad.
A un mes no he sido lo suficientemente precoz como para decir que Brasil me ha devorado y no tengo preocupación alguna al respecto porque el tiempo, como ya dijo un amigo, "es como mi baba" (o algo así de frito).
A un mes dejo que mi existencia sea leve, como el viento que pasa y el que crea que soy un idiota que deje de quejarse y venga aquí a hacer lo que no hago y me exige porque mi ritmo es otro, arrítimico, impar, caótico, impulsivo. Si alguien tiene algo que reclamarme que prefiera construir su propia experiencia y deje de buscar en mí la satisfacción de un deseo frustrado. Si alguien tiene algo que envidiarme que se ponga unos tenis y empiece a caminar con dirección a Ipanema, a Ilheús, a Salvador, a Floriánopolis, a Rio grande do sul, a Canudos, al Amazonas.
A un mes siento que el tiempo se me va, pero no que tengo que hacer de cada segundo algo que valga la pena, eso se lo dejo a personas ambiciosas de historias. Yo en cambio me tiro en la cama y pienso en descansar un poco leyendo y dibujando en espera de que mi cuerpo sea capaz de perderse en esta ciudad y odisearla con el ímpetu de niño desbocado y pregunton, pero evitando ser insoportable.
A un mes me doy cuenta que a mi ritmo le falta acelerarse y satisfacer el instinto vagabundo.
En medio de reflexiones inconexas apago esta máquina del demonio y empiezo a satisfacer necesidades. Empiezo por comer.
Boo ju. Abú.

lunes, 15 de marzo de 2010

Reflexión acerca de la idea de ciudad

La modernidad trajo consigo un concepto que ha modificado el paisaje humano de manera casi irreversible. La ciudad es en primera instancia un lugar isolado al exterior natural, una cápsula de hombre por el hombre. De la idea de modernidad se desprende la necesidad terca de hacer de este espacio ajeno a todo lo que pueda ser natural, calles rectas, trazas iluminación constante, movimiento constante, silencios, ruidos sin armonía, calentamiento global y no hay playas suficientes para darle sentido a las ciudades. Una ciudad que todavía tenga cultivos hará lo posible por devorar todo aquello que es ajeno al gris natural de su asfalto, de sus edificios tan planeados que resulta erecciones artificiales del intelecto humano, de sus cavidades con secreciones de cualquier cosa, de hombre, de máquina, de bestia, de basura, de ley, de política, de economías y ciencias y todo se opone a aquel de callo, más callo que carne. Seres de la tierra, sin zapatos y sin dentista que caminan sobre una misma tierra en un ser generacional largo, vetusto y mítico.
Esa es otra cosa, las metropolis no quieren saber de mitos vivos, los quieren muertos y disecados en museos sin darse cuenta que los mitos ahí están afuera de la ciudad y con vida, una vida deforme de modernidad, pero es su vida, sumergidos en un agujero en la tierra siguen latiendo con un ritmo de llanto.

sábado, 6 de marzo de 2010

Impresiones de São Paulo

Intentaré plasmar aquí lo que he visto, para que el lector tenga una opinión propia de lo que es la ciudad, aunque mi perspectiva misma se plasma con lo que escribo y esas implicaciones de la escritura y creación, etc. Así que a pesar de tener una intención de escritura, escribiré sin mucho reparo en ello. Huevos para quien creo que está mal, sólo procuro que las cosas fluyan. Sin genialidad incluso, eso se lo dejo a personas que imprimen mayor esfuerzo en su oficio.
En São Paulo la gente puede tomar en las calles y la vida es cara. Cada viaje en ônibus sale en 2.70 reales. El precio de la comida varía, en la universidad sale en 1.90, pero las filas son largas. La universidad pública está llena de gente que podría pagar privadas y las privadas de gente que tiene que esforzarse por pagarla. Los contrastes sociales y la ideología todavía son cosas sobre las que no he conseguido tener una idea clara por falta de convivencia con brasileños, a pesar de que vivo con varios.
La universidad hace fiestas, como la de ayer que fue una de las grandes del año. Llena de gente que baila y corea música de los 80 y 70. Cosa que me gustaría importar a mis latitudes natales, pero que no se desarrollarían de la misma forma. La ciudad universitaria está llena de árboles enormes y el clima es húmedo, por lo que tengo que tener mi cuarto ventilado si no quiero tener hongos en las paredes, aunque no me molestaría darle esa atmósfera de ruina. Hablando entonces de la universidad tendría que decir que las facultades se dividen de tal o cual forma, ya que eso habla de la forma en que se concibe y estructura el conocimiento. La FFLCH (Fefelechi) es la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas. Aquí Pedagogía tiene su propia facultad. La FFLCH le da cabida a letras, filosofía, ciencias sociales, historia y geografía, para la cual tiene 3 edificios con bebederos y cosas como baños y copias.
Dos camiones circulan dentro de la universidad constantemente, pero todavía no sé qué trayecto siguen, apenas lo intuyo. Las copias están a 0.80 reales. A la biblioteca no se puede entrar con mochila. Está prohibido fumar dentro de las instalaciones de la universidad. El tráfico es de ciudad grande. Hay mucha gente blanca, también japoneses o hijos de ellos al menos. También hay muchas pizzerías y curiosamente me he encontrado con mucha gente que habla español, lo que me hace sentir un poco idiota porque de repente mi portugués se queda en mi bolsillo por largo rato. Los horarios de clase tienen un hueco de 12 a 19 horas, al menos en mi carrera, pero puede que sea yo medio despistado y no sepa bien de lo que hablo.
La burocracia es un mal común de la humanidad. Me tardé unos 4 días en ver la primera patrulla en la ciudad. Cerca de mi casa hay una banca de frutas que está abierta las 24 horas.
Estoy crudo.

domingo, 21 de febrero de 2010

17 y 18 de Febrero.

17 de Febrero de 2010
Tomo el vuelo a Sao Paulo.
Mis padres fueron a despedirme, lo que me recuerda que llegué a preguntárselo a mi papá, su respuesta fue un enojo por que la respuesta era obvia, pero a veces no reconozco obviedades. Dos personas más fueron a despedirme, Mauricio y Carolina, quiénes me conocen tienen cierta idea de quiénes son y pueden explicarse su presencia con conjeturas, quién no me conoce puede jugar a inventar historias, eso me importa poco. Estaban los cuatro ahí. Faltó mi hermano, tenía clase.
Supongo que los aspectos de la despedida pueden despertar expectativas, pero es sólo una dinámica de alegrías y tristezas que se mezclan, también un poco de llanto. Yo no lloré, no tengo esa costumbre.
El vuelo fue largo, pero no soy capaz de responder un número sin equivocarme. Las medidas no las consigo entender, al menos creo que de ahí viene mi equivocación, la otra puede ser que soy medio idiota, pero eso es cuestión de perspectivas y la una no niega a la otra. Durante el vuelo me límite a sentir lo que es el hecho de realizar la lejanía. Me refiero a que la idea de distancia no la había asimilado hasta comenzar a estar muy lejos. Supongo que es la costumbre de volar.
Lo demás sería hablar de cuántas veces fui al baño o de lo que comí y lo mala que puede llegar a ser la comida de avión, pero eso no me importa. Vi la película de Astroboy e hice un par de anotaciones, nada importante cuando se releen.
En Colombia tomé el avión a São Paulo y ahí me divertí con el cambio de atmósfera, muchos brasileños y un mexicano con un libro de Arreola en la mochila que no abrí más de tres páginas. Estaba cansado y me dormí, un sueño intranquilo pero con ventana. Obscuridad y obscuridad. Hubo un momento en el que me desperté. El avión volaba sobre el amazonas. Esa oscuridad ahí abajo no era una obscuridad cualquiera. Si hubiera podido sacar la cabeza... Sentí, quizá por saberlo, que el amazonas me tragaba. ¿Cómo lo supe? El avión tiene un aparato muy curioso que indica la posición del avión respecto al globo terráqueo. Ahí estaba yo, cansado, despertando para saber por una pantalla que estaba sobre el amazonas, un pedazo de tierra que late.
Cuando volví a despertar casi aterrizábamos, yo y los demás. 2 de la mañana hora de México, 6 hora de São Paulo. Era casi como estar crudo, sumergido en una resaca de tanto aire y cielo. Cuando el avión aterrizó todavía estaba oscuro, cuando salí del aeropuerto rumbo al hostel ya era de día y mis ojos se comenzaban a cerrar. En el hostel me dormí, 4 de la mañana hora DF. Desperté hambriento cuatro horas después listo para poner a prueba mi portugués chilango. Encontré un restaurante de Slow food, donde cobran por kilo. Después caminé con Faros en el bolsillo y una tutsi pop en la boca, la cual estaba conmigo por mi manía de tener dulces para ocasiones particulares, aclaración que hago porque tengo otras 5 que responden a otro tipo de circunstancias. Soy un niño.
¿Qué hice en mi primer día en Brasil? Salí con una peruana que también está de intercambio. Visité el Memorial de América latina y después fui por cerveza al Tribunal (el nombre me da gracia por la posibilidad de juegos de palabras que no hago) donde encontramos a unas amigas de la prima de la peruana, que por cierto, tiene familia en la ciudad. Bebimos y bebimos para que después me dejaran en mi hostal.
La vida es bella.

martes, 16 de febrero de 2010

La última noche

Ha sido un día largo en tanto llevo 12 horas despierto y viendo gente, encargándome de despedidas fugaces, pero que algo han de tener de significativas. Ahora ceno frente a la computadora preguntándome cómo debería sentirme, pero no logro conseguir nada y creo que en eso reside mi respuesta. Es sólo un viaje, largo, claro, pero sólo un viaje, con regreso y cambios. Qué carajos, ante un viaje hay dos emociones de fuerza: el entusiasmo y la saudade (cierta añoranza o nostalgia, tristeza pues). Siento ambas cosas, pero ninguna de las dos importa realmente. Es como ir a caminar, dar una vuelta, pero ahora más lejos, con más tiempo y esas cosas. Basta con aumentar la distancia y la duración para que las cosas tomen sentido, un aumento en la potencia y las cosas se vuelven importantes. Basta con preguntarle a cualquier obeso o anoréxico, ellos saben de esas cosas, las viven.
1.09 am Ya es 17, el 17 me gusta como número. Un evento de mi sola incumbencia me arrancó del proceso de escritura, el cual por ser yo tan prosaico me ha arrebatado toda oportunidad de continuar esta cosa. Me alegra, valía más la pena.
Lo que me recuerda, he estado reflexionando respecto a la utilidad de la poesía, de la lírica. Piensa, piensa, piensa... Me voy a cambiar los pantalones, es hora de la piyama, fresca y limpia, al menos más que los pantalones. Dicen.

lunes, 15 de febrero de 2010

Dilemas de la maleta

Pensé que lo tenía todo listo, entonces mi mamá me hizo una pregunta pertinente: ¿Llevas toallas? Pues sí, supuse. Pero no, no llevaba nada para secarme, sólo cosas que mojar. Antes un libro que una toalla, antes un cubrealmohada que una toalla. Ahora, ante la intromisión de esas dos enormidades de tela debo replantearme: Realmente llevo lo necesario o ya empecé a hacerle a la mamada. Neceserio o mamada. Las mamadas también son necesarias, más que las toallas incluso. Pero aún así debo pensarlo a fondo, hay cosas que puedo dejar como las piyamas, la ropa elegante en caso de que algún día tenga que vestirme bien, mi peluche en forma de Tiburón que se llama Víctor y sin el cual no puedo dormir, el número excesivo de calzones porque temo que el sudor tome posesión de todo. A eso hay que sumar que debo llevar, no para mí sino para los demás, mexicaneidad, la cual se reduce a chile.
Me he despertado este lunes pensando en que ya casi es miércoles, que me tengo que bañar, quejarme por la maleta y no hacer nada, visitar amigos, comer, leer, fumar pensando que me voy de forma melancólica para que alguien diga: se ve bien y sobre todo tragarme una nieve de maracuyá y un agua de horchata que son cosas valiosas de la existencia, si es que sabe usted lector de qué hablo.
Paso toda la música que puedo a la computadora que llevaré, en un afán de no quedarme sin nada de lo que aquí tengo y no uso. Además, tengo esa horrible certeza de que voy a olvidar algo, lo que en realidad será sólo un buen chiste, algo que contar, una buena manera de empezar una crónica de un viaje largo que al volver me parecerá corto.
Por otro lado, qué voy a saber yo de un viaje que no he hecho.
También me corté el pelo, oh querido diario.
No me puse desodorante otra vez.

lunes, 8 de febrero de 2010

Tic-tac...

Hay algo así como un reloj que me recuerda que me voy el 17 a São Paulo, digo, es un calendario, pero parece reloj, mide tiempo y esas invenciones del hombre como las efemérides que siempre son un buen descanso de lo cotidiano, que no es tan malo, pero que bueno es darse un descanso.
¿Qué implica que pasen los días? Simple, una leve sucesión de hechos que se han hecho y una inmensidad de acciones por hacer. A cada momento surge algo nuevo, otro detalle. No lloriqueo, sólo me quejo y me pedorreo, total qué más da, lo terminaré haciendo, todo lo que se tenga que hacer, sin que eso signifique que no deje de lado cosas, sino más bien que le echaré la culpa al destino en la misma actitud gorda de quejas y flatulencias.
Con todo y todo hago lo posible, debo aprovechar el tiempo. Eso de aprovechar el tiempo me hace pensar en no dormir y algo como drogarme mucho, cafeína, cocaína, taurina, quesadilla, Lidia, axila, orina y cosas de esas, seguro ponen chido.
Pero un buen ejemplo del absurdo es que a pesar de todo mañana seguramente no tendré nada que hacer y me pondré a leer tranquilamente para que cuando llegue la noche diga de nuevo: Chale, tengo un buen de cosas que hacer y ya mero me voy.
Ya mero me voy, pero al menos ayer hice la traducción de un fragmento de una novela de Jorge Amado, quizá mañana la revise y después la use de avioncito. Vuela literatura, ¡vuela!

martes, 2 de febrero de 2010

abcdefghijklmnñopqrsuvwxyz

Puedo escribir...
Puedo escribir, juntar letras con letras y hacer que tengan sentido, no coherente, pero el suficiente para que un otro me entienda. ¿Cómo daré con ese otro? ¿Cómo encontrar a quien me lea? Aunque en realidad ese lector existe y el destino nos ha unido irreductiblemente, él me leerá y de esa forma seré reconocido por un universo de lectores eternos, el destino me llevará a un lector redentor que me permitirá ser entendido por la eternidad...
Bazinga!

sábado, 30 de enero de 2010

... ... ... ... ... ... ...

Cuando estés allá entenderás mucho de mí. Por qué me gusta el cielo, los lugares con luz, el viento, leer. Después de eso me amarás sin misterio.