sábado, 4 de diciembre de 2010

Mandato

Recuerdo ahora, claramente. No debe respetarse ninguna escritura, se debe empezar siempre por faltarle el respeto a la escritura propia. Mi escritura me la pela.

Confesión de un vago

No he hecho nada de lo que debería hacer, no lo digo con culpa, sino con pereza y un bostezo muy largo. Escribir aquí, ahora lo veo, sería una suerte de redención y yo que no busco absolverme entonces abandono la serie de divagaciones que habrían de qué, ¿consolarme? Bostezo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Um conto de Luis Britto García

Vou fazer uma tradução deste autor venezuelano, porque agora que o li achei que alguém mais no mundo tem que lê-lo também. A tradução vou faze-la porque em espanhol não tem graça, se consegue na internet sem problema. Com certeza tem uns erros por aí, mas depois eu farei as correções, leitor, agradeço se você marca alguns.

A vitória oculta [Publicado em Rajatabla]

De não ser eu quem o explique, ninguém entenderia meu gênio militar, pelo qual, nestas memórias o explico. O objetivo da guerra, diz Clausewitz, consiste em impor nossa vontade ao inimigo. Seus discípulos tem variado infinitamente sobre o tema: para eles, nossa vontade se impor ao inimigo mediante nossa vitória; este se dobra ante ela unicamente na derrota. Só tenho me atrevido a variar os termos, aparentemente incontestáveis, desta equação estúpida. Só eu tenho dirigido meu povo a impor sua vontade não obstante a certeza --a necessidade, diria-- da derrota. Desperdiçado inutilmente contra um inimigo invencível, dirão os historiadores. Mas não. Desperdiçado, não. E inutilmente, menos. O afirmo agora, em tanto o fogo calcina seus corpos inanimados.
Quantos seres humanos é lícito sacrificar à consecução de um objetivo? As respostas dos tratadistas são inconsistentes. Para eles, se o povo consta de duzentos milhões, o sacrifício de cinqüenta milhões parecerá razoável. Mas se o povo consta de cinqüenta milhões, então o sacrifício dessa quantidade resulta excessivo. Eu não vejo que estas considerações modifiquem de jeito nenhum os fatores objetivos da situação. Os povos existem, mas se contam homem a homem, e o objetivo que justifica a morte de um só ser automaticamente justifica a morte de todos, e isto é lógico, e irrefutável. Se a cifra de sacrifícios que requer um objetivo militar iguala à cifra de habitantes de uma nação, e se esse objetivo é desejável, isso não é óbice para que a guerra o seja.
E a guerra tem sido. Não para derrotar à grande potência, nosso adversário. Não podíamos. O sabia perfeitamente eu, que observava o progresso da guerra como uma doença incurável. O sei agora, quando as tropas de ocupação escrutinam as ruínas do meu povo aniquilado.
Mas. Mas. Para nos esmagar, a grande potência tem se convertido num exercito, e toda sociedade que se converte num exercito se devora si mesma e morre.
Nunca, nunca, uma tão vasta vitória com tão escassas forças. O digo eu, vencido, escutando o crepitar dos incêndios da minha derrota, que é também a antecipada derrota e crepúsculo do inimigo.
Reclamo a coroa dos vencedores. Reclamo a coroa dos vencedores. Eu, o ultimo vivente do meu povo. Reclamo a coroa dos vencedores.

sábado, 13 de noviembre de 2010

160 años del nacimiento de Robert Louis Stevenson

Recuerdo pocos cumpleaños y éste no es la excepción. Pero por ser el caso de un hombre importante google le puso un dibujito de La isla del tesoro y yo me he puesto a revisar poemas y pensar en un escritor que me simpatiza, hasta le invitaría unas cervezas. Lo importante nunca es el aniversario, reflexión que tiene a ver con el terrible dilema que me acecha: ¿A qué fiesta habré de ir hoy? Ambas amistades suponen un deber moral que en realidad no tengo por qué obedecer, así que debería responder a la alegría que puedo producir en el otro. En realidad mi presencia no implica una diferencia, no tendría por que, decirlo sería dotarme de responsabilidades que no me competen y me obligan a responder a ciertos deberes que no reconozco pero que cumplo.
Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? De momento debo ignorar estas cuestiones y pensar en leer y escribir, mis grandes deberes de la existencia, que reconozco así porque me los he otorgado y responden más a mi placer que a alguna responsabilidad para con el mundo. No es que no me importe, pero no me voy a poner a decir que escribo por algo que no sea el mero placer de ir construyendo o desahaciendo sentidos. Stevenson, que vagabundo descanse, compara la literatura con los juegos infantiles, para él, es la construcción de una ficción, el ahondar en una realidad ajena.
Divagación primera. Stevenson era un irlandés que sabía vivir, basta leer el ensayo del arte de caminar para saberlo. Una buena charla, un cigarro después de una caminata son grandes placeres de la vida a los que este autor sabe dar el peso adecuado, no es cuestión de lugares comunes, sino el pensamiento dedicado a materias pequeñas que resultan ser grandes. La magnificación de lo cotidiano, por cierto, es producto de un gran hombre, no se le ocurra lector pedírle a un hombre pequeño observar lo bello en lo cotidiano, sólo encontrará discursos aprendidos de la televisión, cosas de siempre, que no es que no sean apabullantes, sino que lo importante es ser capaz de apreciar estar descalzo por la vida, que el mango se aferre a los dientes y quiera echar raíces en la boca, que la pereza se asiente en el aire y lo mejor es que todo esto toma sentido si hay disposición, si se le rasca porque la vida también tiene comezón.
Divagación segunda. Debo reconocer que ultimamente he depositado mi sentido de la existencia en la pereza, un descanso dulce de una vida ardua. Resulta que me doy cuenta, me quedé en la hamaca dormido y cuando me desperté los mosquitos habían picado mis piernas, el mar sonaba a lo lejos y la noche estaba alta en el cielo. Pequeña pausa, un ritmo lento, descanso. Me estiro. Bostezo.
Divagación tercera. Hay que tener valor para ser el contador de historias de Samoa. Salve, Stevenson.

lunes, 8 de noviembre de 2010

De la escritura, acá en corto.

Pues ya, si se escribe que sea con sinceridad, ¿topas? Sin fingir que la elegancia cansa, hay comezón y deseo, sudor y cansancio, molestia y pereza. Si no hay nada que decir se dice y ya, que la crisis de la época tiene sentido, que después alguien pueda decir que la falta de sentido no es nuestra y es de alguien allá en el futuro que puede vernos y pensar que no estábamos tan jodidos como pensamos. Al menos con sinceridad no se puede decir que creíamos en cosas que no, la revelación de lo que se vive o no se vive. Es más, olvido el futuro, un otro cualquiera, un ataque de sinceridad ¿será que se aguanta así y ya? Plantearse algo ajeno, ponerse el traje de alguien más o revelar una posición no debe de asustar tanto, si nadie está de acuerdo o se reconoce ignorante en ello es como tener frío o sed. Bah, la verdad tengo hambre y escribo esto para ver si en este proceso me quedo dormido. Un amigo me dijo que escribir le daba sueño, creo que a mí me hace pensar en comida.
Lector allá, cambio, fuera y cámaras, dice.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Reír me hace toser.

La enfermedad repentina que me hace oponer dos acciones, oposición porque toser implica cierto dolor y la risa sólo en exceso podría hacerme sufrir. La cuestión es curiosa, es decir, la naturaleza me está haciendo un oxímoron vivo.
(Ojalá alguien decida decirle a los niños que vienen a pedir dulces que sólo tengo basura).
Sería mejor poder decir que este caso es extraordinario, pero es todo lo contrario, es difícil concebir una felicidad sin dolor o un dolor sin felicidad. No es mi intención ser melodramático, pero sé que no me equivoco. Recuerdo que cada vez que algo me salía mal alguien se alegraba por ello, por otro lado cuando conseguía algo que quería alguien tenía que salir llorando. Cuando alguien pierde el otro gana, cuando te estrellas con un poste de luz le das un chiste a alguien más; el que se queda con la chica gana un enemigo y una mujer sonriendo, pero las sonrisas llegan a doler, de forma que la de la chica se transforma en reclamo, tortura y martirio.
La vida es una balanza, como tal su deber es marcar el desorden y el desequilibrio, que la usen para lo contrario sólo habla del hombre como un degenerado. No quiero ser malentendido, no condeno la degeneración, como le comentaba a un amigo, esa palabra se refiere a un comportamiento no a un juicio respecto a éste. La balanza, decía, señala el desorden y el desequilibrio, pero también revela que las cosas tienden a igualarse. Si en un árbol una rama pesa más que todas las del otro lado juntas se las llevará a todas consigo, eso es igualdad, no la separación simétrica.
En esta época de mi vida considero que la barriga es el símbolo de la felicidad, una barriga es la demostración corporéa de un buen comer, un buen beber, una buena amistad que es capaz de sostenerla en su sitio y una tranquilidad innata de estar recostado. ¿A qué iba eso último? A ningún lado, no todo necesita de sentido para existir y que nadie me venga con idioteces de que la realidad lo tiene.

Marcha de la derrota


Não sou nada,

Nunca serei nada,

Não posso querer ser nada.

À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo

No soy nada,

Nunca seré nada,

No puedo querer ser nada.

Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo

“Tabacaria”, Álvaro de Campos

Nunca he sido un gran lector de poesía, no por desprecio. La narrativa siempre me pareció más llamativa y la lírica no despertó en mí un interés o alguna gran inquietud, al menos no hasta Fernando Pessoa[1], en particular con Álvaro de Campos y “Tabaquería”. Tenía unos diecisiete años cuando lo conocí en un taller de poesía, en la antología bilingüe del Fondo. Pasado un tiempo terminé por comprarla, con la parte en portugués esperando. Nunca pensé en separarme de ese libro y de la marca roja de un naipe siempre en la misma página. Lo regalé porque a veces la amistad exige locuras.

He intentado plasmar lo que este poema representa para mí, lo he intentado tres veces sólo para descubrir que me equivoqué al mostrarlo como es. No hay valor en eso. Si algo puedo decir que me deje satisfecho es lo que brota de mi relación subjetiva y arbitraria con él. Estas palabras escritas en un arranque de sinceridad dan pie a lo que soy después de “Tabaquería”.

Hago eco a esa mirada contemplativa desde la ventana y a la musicalidad de sus versos (ahora más que puedo leerlos en portugués). Desde la primera vez que los he mascullado hasta hoy, unos cinco años de terca lectura del escritor portugués, he pensado sin pensar a partir de su obra y en ella. En ese proceso encontré que “Marcha de la derrota” era el posible nombre del poema, lo rescato no sólo para comunicarlo, mi marcha y mi vida también se dirigen a la derrota porque sé que no puedo quebrar la realidad y puede que me despedace en el intento.

I

Estou hoje vencido, como se soubesse a verdade.

Estou hoje lúcido, como se estivesse para morrer

Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.

Estoy hoy lúcido, como si estuviese para morir.

“Tabacaria”, Álvaro de Campos

“Tabaquería” es una visión nacida del desasosiego. Una ligera desesperación que se acerca al dolor, es la falta de tranquilidad, la ruptura de algún orden. Pienso en el aprendizaje que nace del golpe, desde la herida, la contemplación desde el vacío. Allá, en la calle la vida pasa y deja huellas en todo aquello que ocurre, lo nimio; el mundo afuera, la existencia adentro. Surgen en mí dos ideas inmediatas: la belleza del desequilibrio y la relación de lo cotidiano con aquello profundo que lo sustenta; ambas como resultado de un estado de ánimo, no porque sea necesario, sino porque todo dolor implica una reestructuración y la consciencia de este proceso está hecha verso en este caso.

El desequilibrio me hace pensar menos en una estética del caos y más en la apreciación del entorno y las experiencias, el desasosiego como eje de una cosmovisión que revela la fragilidad y belleza de las cosas. En la intranquilidad hay una contemplación consciente de la existencia, una evaluación del ser. Incluso si mi vida deviene en fracaso –el caso que pueda imaginar no importa– la capacidad de ser consciente genera un distanciamiento crítico, ahí espera lo inútil como verdad.

La fragilidad de aquello que se supone certero, en su oposición extraña, revela la belleza del fragmento irrepetible y efímero. El valor de la vida, sus accidentes o su cotidiano, pasa a recaer en la consciencia del engaño, esta verdad, si tal es cierta, expone aquello que se considera innegable, un eco de lo que se cree. La realidad es un acto de fe, al saberlo, como un acto de magia descubierto en su truco, pierde todo sentido. Todo se erige ilusión en tanto la existencia se hace inestable.

A lo lejos, porque lo cercano es un ronquido, escucho una sirena, quizá si me asomo veré las luces de una patrulla con prisa y en esa manifestación molesta de lo externo reside una concepción del hombre, varias incluso. Yo desde esta escritura he tenido que dialogar con ese exterior sin quererlo. No repudio lo que está más allá de mí, sólo estoy cansado de las certezas falsas, así hay días en que cansado del mundo hay una gran satisfacción en ver el tiempo pasar con indiferencia.

II

Como os que invocam espíritos invocam espíritos invoco

A mim mesmo e não encontro nada.

Como los que invocan espíritus invocan espíritus me invoco

A mí mismo y no encuentro nada.

“Tabacaria”, Álvaro de Campos

La revelación de la realidad como algo frágil, lo insignificante de la existencia comienza en encontrar el yo reducido a nada, como si se perdiera en algún lugar. Para Pessoa, me parece, escribir de este vacío resulta fácil, es decir, él pasó a dividirse a sí mismo, se renunció individuo y se aceptó diferente cada día como el río de Heráclito; la personalidad como construcción fragmentaria que da paso a una secuencia que permite establecer una idea continua y total del sujeto, de tal forma que si se identifican los fragmentos pueden crearse diversas secuencias, personalidades, al permitir el desarrollo de aquellos que incluso se oponen dentro de una sola persona.

En cierta forma eso explica los heterónimos, esas personalidades que poblaron la mente del escritor portugués. En un esfuerzo por crear la literatura de toda una época, se hizo varios. En Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad dice: “Si [un hombre] puede escribir como veinte hombres diferentes, entonces es veinte hombres diferentes”. La multiplicidad proviene del diálogo interno, de las posibilidades creativas que van tomando forma, contexto y vida propia.

Las contradicciones se presentan como el testimonio de las diferentes visiones e ideologías. Si éstas terminan por negarse la una a la otra, peor aún, si estás sobrepasan el latido de quien se hace recipiente, la idea de nada como esencia aparece clara en el fondo. Si la definición proviene desde lo ajeno, incluso si este ajeno tiene su origen en la persona que se descubre vacía, se debe pensar a conciencia qué se es, fuera de aquello que nos define dentro de la sociedad. Se es estudiante, lector, hijo, padre, hermano, amigo, hombre o mujer, pero ¿dónde reside la esencia? Sin los disfraces la persona se descubre desnuda.

III

Sempre uma coisa defronte da outra,

Sempre uma coisa tão inútil como a outra,

Sempre o impossível tão estúpido como o real,

Sempre o mistério do fundo tão certo como o sono de mistério da superfície,

Sempre isto ou sempre outra coisa ou nem uma coisa nem outra.

Siempre una cosa en frente de la otra,

Siempre una cosa tan inútil como la otra,

Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,

Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del misterio de la superficie,

Siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.

“Tabacaria”, Álvaro de Campos

Los esquemas se repiten, ajenos a lo que nosotros mismos podamos pensar o plantear de la realidad. Algo en ella se escapa al entendimiento, al cambio. Intransigente e ilusoria se asienta fuera y espera la oportunidad de tragarlo todo de un bocado. Terca, permanece sustentada por nosotros mismos, alimentándose de nuestra supervivencia. Absurda, con una lógica de sin sentidos: leyes, teorías, filosofías, impuestos. Se repiten sí, en su fondo, algo en el por qué de la realidad, de aquello general que subyace en las particularidades culturales y raciales en un afán de defender al hombre de sí mismo. En cada lugar se erige un orden y todos son inútiles.

La vida, construcción ajena, se desarrolla y nos arrastra. No importa a donde se dirijan las aspiraciones de cada uno, terminaremos, sin terminar, en algún lugar, quizá un pequeño infierno burocrático o de plomero en Budapest. Ante esta certeza que acecha al hombre y cada uno de sus sueños, se hace lo posible por planear algo, tener una idea del porvenir por la que se puede sacrificar todo, a tal punto que alcanzada la preciada meta la persona se queda sin nada.

Peor es para quienes no saben qué hacer de su futuro, un agobio constante de tomar un rumbo, cualquiera. No quiero ser malentendido yo no sé a dónde voy, ni como, sólo no me importa, actúo cuando debo hacerlo, casi con pereza. Esforzarse en tomar sentido es absurdo, se lucha por una colección de máscaras y se anhela con suspiros la que es antifaz, para poder hablar por uno mismo, se toma un sentido prestado y puede ser que el vacío esté en la falta de una máscara.

La conciencia, la claridad de visión obtenida de tirar la vida porque se descubre que nada importa. El tiempo irá pasando y todo lo que conocemos dejará de existir, en contraste ahí está afuera la realidad plausible, la sensación de existir se presenta y todo parece recuperar sentido, el vacío desaparece, hasta el siguiente momento en que la lucidez del desasosiego nos permita encontrarlo una vez más. Entre tanto, lector, tú y yo, debemos aferrarnos a algo.

Me confieso feliz, porque soy todavía más terco, me sitúo inamovible en el vacío, desde aquí parece que la realidad se puede romper. Me lanzo de cabeza contra esa posibilidad, si no lo logro habrá una cerveza esperando en algún lugar y el universo podrá reconstruirse como quiera. Alguien por ahí sonreirá y yo me sentaré de nuevo, burlón, en el abismo, a la espera que todo se quiebre en mil pedazos.

Acenou-me adeus, gritei-lhe Adeus ó Esteves!, e o universo

Reconstruiu-se-me sem ideal nem esperança, e o Dono da Tabacaria sorriu.

Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo

Se me reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la Tabaquería sonrió.

“Tabacaria”, Álvaro de Campos

Daniel Pérez Rivera

México, DF, Octubre, 2010



[1] Fernando Antonio Nogueira Pessoa, portugués, alcohólico considerado uno de los mejores poetas del siglo XX.

jueves, 28 de octubre de 2010

Curvas y esquinas

“Outra vez te revejo,

Cidade da minha infância pavorosamente perdida...

Cidade triste e alegre, outra vez sonho aqui...

Eu? Mas sou eu o mesmo que aqui vivi, e aqui voltei,

E aqui tornei voltar, e a voltar

E aqui de novo tornei a voltar?

Ou somos, todos os Eu que estive aqui ou estiveram,

Uma série de contas-entes ligadas por um fio-memória,

Uma série de sonhos de mim de alguém fora de mim?

Outra vez te revejo,

Com o coração mais longínquo, a alma menos minha”

Álvaro de Campos, “Lisboa revisited (1956)”

He estado pensando largo rato y además tendido: ¿cuál es mi calle favorita? Elegir una es difícil, mi manía de caminar sólo lo complica. Una sucesión surge al azar y al compás de mi desorientación sale en una improvisación burda, recorro la ciudad en un afán estético y por caprichos. Hay unas que recuerdo y otras de las cuales no sé el nombre ni la ubicación exacta. Pero, y de ahí me he decidido a elegir, existe un conjunto de calles que terminan por ser referentes constantes de mi existencia, ésas se esquinan todas a la avenida México 1968, en la que vivo y también elijo, el eje de una constelación de caminos, mi barrio pues. De Periférico a Avenida del Imán.

La elegí después de pensar en una gran lista de calles. Toda mi indecisión vino de mi afán de gastarme los pies. Afortunadamente sólo pensé en calles concretas, porque entonces habría estado un mes intentando decidir si alguna de un libro, de mi cabeza o de una pintura; puro sufrimiento metafísico. En este párrafo quiero hacerle una pequeña justicia personal a las que no cupieron aquí.

¿Qué tiene de importante, interesante o particular esta calle y sus esquinadas? En realidad nada, es decir, puedo asegurar que hay una gran cantidad de calles que tienen mejores paisajes, historias más interesantes, mujeres hermosas, qué sé yo, algo que la destaque. La mía gana su importancia en la mera relación subjetiva, no es la gran cosa. La conozco hace ya rato y caminarla me dice algo de mi devenir. Le conozco sus mañas, sus escondrijos y en una época reconocía a los intrusos, sabía de quién desconfiar y quién no rajaba. A lo largo de ella mi vida se ha ido desarrollando entre pasos, unas cervezas, amigos, juegos de futbol y todo eso que hace que la vida tenga sentido.

La calle y yo nos encontramos todos los días (¿habrá forma de escaparme?), ella es mi vestíbulo a lo que se extiende fuera de mí y pisarla al regresar es el alivio de saberme dentro de mis terrenos. A veces me voy por entre las unidades de edificios que siempre me han parecido ramificaciones de la avenida, una suerte de laberinto que crece a un lado y que me encargué de explorar durante la infancia. Hace tiempo que veo lo que pasa en el barrio desde mi ventana. No es cuestión de preferencias, sino de circunstancias. Por otro lado, ¿qué tengo que decirle a esa señora que tenía a ese joven hincado a sus pies arrepintiéndose a manera de rezo? Nada, sólo un miedo enorme ante la imagen de sumisión en plena vía pública. ¿En qué se ha ido transformando la señora que es capaz de doblegar a cualquier gañan? Siempre he pensado que son los peores seres humanos existentes, un error de la naturaleza o la manifestación física de la destrucción. Señoras…

Mi relación con este laberinto es una construcción constante del uno contra el otro. Lo recorro diario y en ese deambular, con o sin sentido, lo que soy entra en diálogo con todos los yo que he sido, de ahí sale algo casi congruente en un juego de reflejos y reflexiones. No sé si soy claro, es raro que lo sea. Es decir, el cielo no es azul, es una construcción cromática y climática continua; lo mismo ocurre con mi calle, en ella se plasma la construcción continua de esencias y accidentes de mi persona (la única de la que puedo pretender dar cuenta).

A partir de ella se configura parte de lo que será mi día en ese reencuentro y la reelaboración y revisión de caminos. Mi tedio, mi cansancio, mi alegría o mi buen humor se van entretejiendo con toda mi propia tradición de ánimos al salir de casa, de forma que un buen día es la suma de muchos buenos días y hay semanas que son un lunes alargado.

Por eso, después de cada viaje largo o corto, camino mi calle. No para ver lo que hay de nuevo, sino para dialogar con mis yo plasmados a lo largo de las cuadras. Un viaje es una dislocación, te separas de tu cotidianeidad y sin importar que tan efímero o turístico pueda ser el viaje, al volver hay algo que se queda en la personalidad del individuo que se atrevió a abandonar su localidad, al final qué mejor que tu propia calle y sus espacios cotidianos para evaluar lo que generó aquello que está más allá de los andares ya conocidos.

Mi calle es minúscula pero se ha transformado en mi puerto, todo marinero tiene uno al que habrá de volver. No importa cuántos se conozcan, ninguno es igual y cada persona añora la combinación de olas, vientos y olores del suyo, todo aquello que hace parte del camino toma sentido en tanto existe un origen y un lugar al cual volver. La extraña sensación de pertenencia y territorio, que toma sentido en la idea de lo otro y lo desconocido, una curiosa relación de poder. En mi calle no tengo duda, como el marinero que conoce su costa. Las cosas pueden cambiar de inicio a fin pero se le queda plasmada la secuencia de eventos que constituyen mi vida.

En mi infancia los recovecos de la sección 7 los exploré y los nombré, la expansión de los territorios empezó con la compañía de mi hermano y dos vecinos. Durante los periodos tortuosos de crecimiento que son la pubertad y la adolescencia terminé por recorrer el resto de la avenida. Pero que a nadie se le ocurra preguntarme dónde queda Francia 1900 o alguna otra olimpiada, porque sigo reconociendo los espacios por los nombres que les otorgamos en un inicio: el pastito, la cancha, las astas, los coyotes, la barda, el cuadrito, la bajada (vaya imaginación); a quién le importa conocerle el nombre cuando lo importante de las calles se construye con el uso. La expansión territorial y los nombres corresponden a eventos que le dan sentido a esos espacios, sus usos y contextos, todavía únicos porque no he vuelto a ver a nadie hacer la misma sarta de locuras por ahí.

En mi época una actividad me llevó a conocer los apodos y otras veces los nombres de los habitantes de la zona, hay van unos, pa’ hacerles honores: Peros, Cato, Loco Abreu, Herbacio –ése era el nombre–, Castor, Gemelo –mismo apodo para los dos–; a fin de cuenta clásicos de ayer y hoy. La cancha era el centro de reunión, a partir de las 4, todos los días en mi época de secundaria se armaban las retas: a tres goles y sacan pichones. Desde ese entonces siempre he relacionado el fútbol con la colectividad y la construcción de un espacio bélico. Si algo se tenía que arreglar empezaba ahí y a veces terminaba afuera. Esos partidos eran los buenos, porque el gol toma el sentido de golpe, de herida.

Mi equipo era joven, pero nos las arreglábamos; en algunas ocasiones jugábamos bien, en otras la palabra paliza se quedó corta. Ahora la cancha le pertenece a otros, mis vecinos se mudaron y mi equipo está incompleto. Contra quienes jugué siguen por ahí, pero ellos también tienen nuevos espacios y costumbres. Antes de acabar esa era, el fútbol exigió un espacio más amplio, así que tomamos la explanada del parque que nos dejaba hacer retas más grandes, el juego se hizo más veloz y las paredes se acabaron. Cambios de ritmo.

El parque también puede ufanarse de haber sido el lugar que me dejó la cicatriz en la ceja izquierda. Evitaré la historia porque en mis escritos sólo me permito a mí mismo reírme de mí mismo, sólo diré que es una marca de guerra. Como todo parque también besé y bebí ahí, insisto nada fuera de lo común. Sólo que siempre debe tenerse cuidado, beber ahí implica que la policía llegue de un momento a otro, a los vecinos no les gusta ser despertados por unos borrachos a las 3 de la mañana.

También está el mercado, otro de los espacios significativos en mi existencia, yos fragmentados construyendo algo como un alebrije. El tianguis contiene una tradición de desayunos, los primeros de reconocimiento de las características culinarias mexicanas, que es lo mismo a comer tacos cuando apenas había llegado a México[1]; los segundos de deleite y exploración de las extrañas costumbres de este nuevo mundo, aquellas que llaman gorditas de chicharrón, una suerte de círculo plano que embarnece los cuerpos de los nativos. Después entré a las dinámicas económicas con la compra de estupideces que he ido tirando a la basura. Lo que uno es capaz de comprar…

Así se resume mi calle: un conjunto de vivencias y yos hilados a la avenida, en cierta forma toda calle es eso. Un gran amigo en una ocasión me preguntó, él siempre tan arquitecto: ¿qué hace a una ciudad, los edificios o sus habitantes? Considero que la ciudad y lo que transmite es el resultado del diálogo entre aquello que es la arquitectura, la construcción de espacios y las implicaciones del objeto con la sociedad, con ese conjunto de personas malhumoradas que le dan sentido y llenan de ruido a la ciudad.

Hoy me toca correr por ella sin prestar atención, voy tarde a clase. Extraña maldición que me aqueja. Qué más da, el reloj sigue corriendo y tengo clase en 15 minutos y contando. Si hoy hay reta quién quita y me vale madres, juego y revivo los buenos momentos cañando a los que salen de la secundaria, para que se vayan curtiendo en el diálogo de tradiciones.

México, D.F. , Septiembre de 2010



[1] ¿Llegar a México? Pues bien es fácil explicarlo, el tipo este que escribe si bien nació en México se fue a vivir a temprana edad a República Dominicana, de donde es la madre y la respectiva familia. Curioso, ¿no?

jueves, 12 de agosto de 2010

Problemas de ritmo

Lo sé, pero es cuestión de ritmo, me equivoqué porque mis acciones estaban fuera de lugar y lo adecuado es ir a dormir a casa, recuperarme, descansar del viaje y no conseguí hacer otra cosa que celebrar con alegría el cumpleaños de un gran amigo, llevarlo a mi casa y llegar a las 6 después de haber comido. Para llegar sin conciencia de nadie, sin pensar en que mis padres se preocuparon y con todo ese egoísmo revelado me terminé por sentir mal antes de quedarme dormido.
Olvidé que el ritmo aquí es otro, que tengo que ser más tranquilo y quedarme más en casa, pero mi ritmo es de vagabundo, de gastar suelas y una improvisación salvaje que no sabe donde parar o cómo acabar.

domingo, 8 de agosto de 2010

Que bonito día.

Hoy me pusé a leer las noticias. Muerto por aquí, enfrentamiento con armas de fuego entre indígenas, creo que las noticias quieren decirme algo. Hoy iré a comprar un arma, tendré muchas municiones e iré caminando bajo este hermoso día de mucho sol caliente y dispararé para que todo lo que he leído sea más realidad que ficción, porque terriblemente vivo en una burbuja de pies sudados, comodidades hermosas y buenos amigos. Iré a matar gente para llevar violencia al mundo que, como yo, no sabe de lo que se pierde. Además, quién sabe, puede que sea linchado y entonces realmente tenga sentido todo lo que leo porque lo viviré y lo haré vivir. Haré que se rompa esa pequeña membrana que separa al lector de los eventos que asimila como meras acciones externas y se las presentaré en la cara.
Hoy voy a llevar terror como quien regala flores.

viernes, 6 de agosto de 2010

lunes, 2 de agosto de 2010

Salidas, llegadas y volvidas.

Irme de São Paulo fue una acción veloz realizada durante el aturdimiento del cansancio y la sensación de ausencia que tenía hace ya semanas. Recorrí la ciudad en las últimas dos semanas esperando aprovechar sin saber bien en qué consiste esa acción y a sabiendas que lo que no había hecho durante los seis meses que ya se acababan no podría hacerlo en tan poco tiempo.
Al final compré casi todos los libros pero se me escaparon varios, culpo a mi economía incapaz de sustentar mis gastos en una ciudad cara. Ni modo, tendré que volver.
Ahora al regreso tengo que malabarear gastos, sufrir ahorrando lo que ya gasté o algo así en una búsqueda de equilibrio que creo que es moral, entonces importa poco. Qué carajos.
¿Qué fue irme? Un viaje en taxi a las 4 de la mañana en el que me fui quedando dormido y al llegar sólo atiné a pagar y tambalearme hasta la puerta y así fui despertándome con maletas y boletos y horas en la cabeza. Debería decir algo impresionante, algo como que haberme ido fue un parteaguas en mi vida, pero es sólo haberme ido no estar seguir. Un proceso triste, claro, pero natural. No tiene nada de extraordinario, nada fuera de lo normal en irse. Porque en realidad lo normal es no quedarse. Todos se van en algún momento. Yo me fui.
Algún día espero volver. Porque allá me sentí a gusto, allá podría vivir toda mi vida y aunque ya llevo una parte vivida en otros lugares podría darle el resto que no es poca cosa, creo.
Lo otro es seguir viajando. Antes de volver a la Ciudad de México, pasé una semana en Lima reconociendo a la familia de mi padre. Ese volver a las raíces, a la otra parte de mi identidad personal familiar, fue curioso, extraño. Sé ahora cuáles son las razones para no volver de mi padre. Esas razones son mías también, pero también comparto las razones para volver. Que no es algo que sé de cierto, pero lo presiento y eso vale hasta que me demuestren lo contrario.
Pero bueno, hubiera continuado con este escrito, pero ahora me he puesto a buscar el siguiente destino, la forma de irme de nuevo y fragmentarme más todavía. Estar en más lugares y más lejos.

viernes, 2 de julio de 2010

Salvador de Bahia de todos los santos

Viaje corto todavía no realizado. Expectativas... sólo pienso en dejarme llevar. "Vou deixar a rua me levar...". Voy solo. Entonces el ritmo va por mi cuenta y también la interpretación, me tengo que hacer orquesta o ni eso y sólo silbar. Este viaje lo hago en un momento en que todo el mundo se va y al regresar a São Paulo estoy con amigos menos en la ciudad. ¿Será que la ciudad se hará fantasma? Al final todos tienen ganas de estrechar los lazos lo más rápido que se pueda, con ánimo de conseguir algo más, todavía más, de este tiempo. Hoy perdió Brasil y mi deseo de ver al país celebrar los tendré que dejar para el 2014, así que ahora tengo otra misión, volver a Brasil para el mundial, además del cariño.
Para lograrlo necesito de dinero, constante y sin limitaciones temporales. Una maestría lo arregla todo, estudio, me caso, obtengo la nacionalidad y listo. El divorcio y el caos, con impuestos y abogados de por medio, me importa poco si al final puedo conseguir la nacionalidad. Sólo por términos prácticos, así puedo volver sin visa.
En Bahia dicen que hay mucho que hacer, además es una ciudad que me he leído mucho, pero una lectura es sólo una construcción y todavía falta que la vea entera o al menos en sus partes más gostosas. Gente, calles, ruido, sonido. Comida, sin camarón porque soy alérgico. Playa, dicen que son sucias, que vale la pena que salga a otras ciudades, cerca y hermosas. Pero no voy a turistear, voy a viajar, de vez en cuando turistearé y diré boberías, tomaré fotos con autoretratos y felicidades. Souvenirs, al carajo.
Mientras, me toca terminar despedirme de más personas, ni cuenta me doy de algunos, pero hay otras personas que me han dejado con una tristeza ligera. He regalado un par de dibujos, las paredes de mi cuarto también se van quedando vacías.

martes, 8 de junio de 2010

De regalos pedidos souvenirs

Entre todas las cosas que me han dicho de este viaje, entre todos los pedidos, de mujer, de hombre, de libros, de comida, de recetas, de información, de fotos, de historias. Lo que más me ha hecho sonreír y me ha parecido más hermoso es el pedido de un amigo.
Pues, aunque sea un video porno.
Por ahí agarré postales, un Cristo de madera en Rio, una playera con 6 estrellas para hacerle a la mamada durante el mundial, fotos, pues ahí tengo hasta para borrar. Historias, ésas no, se me olvidan, luego ya no les encuentro la gracias, qué se yó, sei lá. A veces soy un niño bueno, que no sirve de mucho, pero al menos me da una excusa para un par de idioteces, que en eso soy experto, aunque algunos no lo noten. La cosa es que el pedido de porno es una cosa bonita, por lo bobo, por lo absurdo, por lo sincero, porque es visceral o escrotal o erectal, porque no tiene pretensiones y de ahí la prefiero y por lo mismo no la voy a cumplir.
Voy a hacer de esa falta, un pedido constante, un reclamo de siempre. Lo prefiero al, gracias, está muy buena, pero hubiera preferido una sin monos araña. Hay más trascendencia en el deseo sin cumplir y una pequeña risa entre amigos que puede consolidarse en un chiste redudante. ¿Topas?
De repente me dan ganas de escribir en una forma casi indescifrable. A veces olvido como se escriben palabras en español. Ya sea desahaciéndome de un proceso lógico y coherente o usando jerga, cambiando temas, qué sé yo. Divirtiéndome con la recepción del otro, hasta con la mía que sería incapaz de entenderme en esto porque apenas me entiendo cuando no pienso o era cuando pienso...?

P.D. A veces tengo pereza de escribir comas o pensar sólo en un idioma.

Las P.D. deben ir al final, pero le doy chance de no ser cierre y mejor lo pongo de aperitivo.
En São Paulo hace frío y hay días en los que conozco mucha gente, luego cuando camino por la calle me saludan y soy incapaz de recordarlos, cosa que los divierte y extraña. Tengo que empezar a tomarles fotos y ponerles el nombre, así al menos puedo verlos en un catálogo. Si hubiera sabido el tipo de frío que hacía hubiera traído um casaco ótimo pro frio, nossa, e ate houvesse sido melhor deixar uma ou duas camisas e trazer alguma outra coisa, sei lá, já tanto faz.
Apapapararararpapaparararapapapararara.

Le comenté a un amigo que me hace falta una plática inteligente, mi cerebro necesita de un desafío y aquí todo ha sido muy fácil, creo que me he hecho más perezoso y más insoportable. Quiero ser el bobo de un grupo, no tener juicio razón razones. Lo que es acostumbrarse a un grupo y a una dinámica. Ahora sería fácil salirse de ella, si no me sintiera cómodo en ella. Pez en el agua y maricadas de ésas.

Pffff... Antes de sentarme a escribir yo estaba barriendo. ¿Tendré hambre?
Divagaciones devagar, tá ligado?

viernes, 14 de mayo de 2010

Lejanías, cercanías y boberías

No quiero despedirme de Brasil, ni siquiera decirle hasta luego. Todo lo contrario a lo que me ocurrió al salir de México, de él quería alejarme, decirle adiós incluso, casi de manera terminante. Pero dentro de poco tiempo voy a volver y no soy yo quien busca esa conciencia, me hacen rodearme de ella y en mi propio girar de sentimientos y pensamientos me mareo en la idea de la despedida, de arrancarme de aquí. Brasil es tierra fértil, no porque no haya otras, sino porque lo es, basta con eso. No quiero transplantarme, quiero traer lo que me falta y son mis enlaces, quiero un egoísmo bestial que traiga a este lugar a aquellos que van a terminar por hacerme sentir en casa. Quiero a mi lado todos mis contextos en su forma empírica, no quiero la metafísica de las presencias, las quiero presencias concretas. Cadê!
Esto es un berrinche, por eso es absurdo y no admite críticas, no admite contradicciones, no admite censuras. Incluso si se las lanzan, como berrinche quiere hacer un ruido molesto que exprese mi no querer esta ausencia que se viene. Yo no paro venidas.
No pensé en nada de esto, sólo deje que llegara o lo hicieran llegar. De nuevo no estaré para muchas cosas. Tengo que aprovechar, he aprovechado, pero aprovechar no es un proceso de frenesí, es un proceso lento de degustación. No quiero velocidad, quiero lentitud y tiempo.
Ahora quiero paciencia, no mía, sino del tiempo.
He pensado en esa locura de perderme aquí y dejarlo todo, como si mi vida anterior no importara. En realidad no importa, porque esa vida si bien me ha construído no es lo que soy ahora. Ahora soy un ente en un devenir largo, pero soy fragmentos continuos, también.
Si tuviera que explicarme tendría que hacerlo desde el pasado, pero también soy un momento estático en el que lo demás no importa. El berrinche viene de tener que reintegrarme como fragmento en la continuidad cuando quiero permanecer en este fragmento. Berrinche.
Una niñería que me permito. Porque no quiero consuelos, para qué, aún así vuelvo, no quiero que me den razones para no hacer berrinche, porque no las hay. Sé que volviendo me esperan más cosas, me espera una realidad que está bien construída y en donde tengo lazos, a donde pertenezco. Pero pertenezco a tantas cosas... Quiero pertenecer todavía a más, quiero pertenecer más tiempo, más hondo, quiero enraízarme más, quiero ser múltiple, quiero ser enredadera y enredarme con otras y en medio del follaje ahogarme y fotosintetizar un sol común y labrar una tierra húmeda con todos. Quiero ser planta y hundirme en todo como si la existencia fuera un océano y naufrago con todos y así llegar a las tierras del sin fin, llevado por Iemanjá, pero con todo, con todos y los demás.
Quiero que mi alma sea un espacio que no respete espacios, un espacio de invocaciones físicas, una orgía de amistades y amores.
Berrincheo porque la despedida me la han acercado diciendo que está cerca.
Yo no quiero despedirme, porque no quiero irme, quiero traerlo todo hacia mí y no ir a hacia todo. Ir implica un movimiento en el que dejo algo atrás. Partir de un lugar para llegar a otro. Pero yo quiero la multiplicidad física, quiero estar, no quiero ausentarme, que se me ausente quien quiera, pero yo quiero ser presencia con un deseo imbécil y terco. Berrinche.
Y más berrinche, puedo quejarme y querer y no querer. Pero ¡ya! Suficiente.
Algún día habré de volver a todos lados.
Me consuelo en la metafísica de la presencia, en estar en los recuerdos, en estar presente en la saudade, en que mi presencia se destaque por mi ausencia y que me echen de menos, porque yo tengo falta de todos y de todo.
Si tan solo yo controlara la existencia...

jueves, 13 de mayo de 2010

Turururu iuuuu

Mi falta de escritura se traduce en un vórtice de acciones que me han arrancado, con sonrisas, frustaciones y caminatas absurdas, de este espacio tan pequeño que es mi habitación con ventana y computadora.
Las ventanas también son viajes.
He pensado en mi espacio de convivencia, en cuanto el convivio con otros intercambistas es más constante que con brasileños, cosa que explico o entiendo a partir de una dinámica de círculos y sociedades humanas, de forma que la llegada de un nuevo elemento que con el tiempo se irá implica una nueva estructuración de la dinámica, misma que después de cierto tiempo se tendrá que reestructurar. Esto no significa que las pequeñas sociedades se presenten cerradas, sino que el acceso a ellas es como el espermatozoide entrando al ovúlo, cuesta la seducción, el beso, la penetración, el orgasmo y además, entrar. Con los intercambistas es más encontrarse con otros espermas en busca de un óvulo, de tantos hasta parecemos óvulo también. Pero me revelo contra eso y hasta prefiero ser el resultado de una masturbación contra la pared en un baño sucio. Salgo de eso y me voy estrellando como pelota que rebota contra las paredes sociales de todos lados haciendo ruidos arrítmicos como es mi bella costumbre.
Yo no sé bailar, si lo supiera hasta podría conseguir que me amaran.
Sambar es difícil, pero parte del chiste está en no pensar, como es parte del chiste de la mayoría de las cosas y es que en este viaje me han querido hacer racional, pero igualmente me insurgento y hago como que escucho y después con la razón me limpio el culo, cómodamente dentro del baño. En el baño para no herir suceptibilidades, el mundo está lleno de nenitas quejumbrosas.
En el baño la libertad puede ser real.
Con todo y que soy un perezoso escribiente, ya extrañaba tirarle palabras al mundo, como si con ellas pudiera regresarle su idiotez, su sin sentido racional, su impuesto, su desequilibrio, pero ése sí me gusta, pa' que veas.
Bueno, me salgo, hoy voy a Santos a un concierto, a una playa, a una ciudad donde jugó Pelé, cosa fácil en este país que parece el trasero dulce de América, que insisto, debería ser una continente, y no un continente. La geografía también tiene ganas de bailar, sólo miren a África y América moviendo el bote juntas.
De lo demás a alguien le contaré después, a falta de oído, pues escribo. Es curioso, cada vez me ha costado más trabajo encontrar a alguien que escuche, cosa que atribuyo a que nadie tiene ganas de eso, es mucha consideración para con el otro permitirle emitir una opinión y, además, respetarla como si fuese válida.
Mi español y mi portugués andan transando, ya ni sé cuál es cuál de tanta multiplicidad que se echan, pero no le digan a nadie porque de eso tengo miedo.

miércoles, 21 de abril de 2010

Me faltan 2 meses

Uy... falta muy poco...

De pensar que debí escribir algo, etc.

La idea de escribir es más difícil que la acción misma, tanto así que para escribir las personas pasan por un proceso cruel de buscar dentro de sí algo que decir. Lo que nos hace pensar en el verdadero problema que está detrás de la dificultad del ejercicio de la escritura. Ya nadie tiene nada que decir, no a conciencia, no sé si logré explicarme. El hecho de que la comunicación de ideas se dificulte nace de la falta de información a comunicar y a la vez de la ausencia de una conciencia de las herramientas comunicativas o un reconocimiento de la falta de capacidad en su uso. Aunque de ahí se desprende una cantidad de problemas incuantificables para alguien que como yo tiene sueño y mañana se tiene que despertar para escuchar hablar del modernismo brasileño. Pero puedo mencionar la inseguridad comunicativa, no confiar ni en el contenido ni la forma propia. Siguiendo esta base de la poética aristotélica podría darse pie a los otros posibles problemas, como: confianza en el contenido, pero no en la forma; viceversa y pa' dentro.
Ahora revelaré la razón por la que escribí al respecto, porque también tengo algo que decir, aunque carece de importancia, lo reconozco.
Escribo porque pensé que no escribo por hacer otras cosas más apreciables para los sentidos. Aunque ahora que lo pienso bien, estoy equivocado. Qué más da.
Regresando a la escritura... Es por mi ligera conciencia de esto que escribo "tanto" aquí, porque escribo sin pensar ni en forma ni en contenido y así sale algo amorfo y feliz.

Nota 1. Walter Benjamin tiene un ensayo del papel del narrador bien bueno.

viernes, 16 de abril de 2010

Escritura rápida antes de darme un baño para hacer algo

Bien, rápido. Sin muchas contemplaciones, pero con ganas de decir algo.
Entre esas cosas empieza a amenazarme la idea del regreso. Me quedan tres meses. Dentro de poco estaré de vuelta y todavía quiero hacer tanto, todavía me queda tanto por hacer. Me dan ganas de quedarme aquí y ya, dejar lo demás allá extrañando todo todo el tiempo, arraigándome un poco aquí todo el tiempo. ¿O ya van tres meses y me quedan dos? A dónde se me va el tiempo que a pesar de lo mucho que he hecho siento que me falta tanto. 22 libros por comprar, mínimo. Un viaje a Bahia, una pasión fugaz que me haga cantar por las calles. Me falta ir a Rio, también... Tantas playas, tantas cosas. Quiero irme y volver, irme y regresar aquí. Pero entonces comienzan los dilemas. Cuando vuelva nada será lo mismo allá, cuando vuelva a São Paulo las cosas habrán cambiado y así los ciclos se alargan con la posibilidad de que al final no termine quedándome en ningún lugar, cosa que no me molesta, pero que tiene un poco de tristeza incluída. Todo ahí es cosa de atrevimientos y posibilidades, de deseos y búsquedas.
Sentí que aquí en Brasil encontraría algo que por alguna razón me esperaba, creo que era sólo Brasil, no un alguien, no una experiencia, sino Brasil con sus mujeres, su comida, su risa, su baile, su desinterés por mi estupidez y mis errores. Brasil con amistades esperando, que basta con sentarse un poco, pedir la hora y seguir la conversación y todo sigue en su devenir natural de la vida.
Llegué a pensar que sería egoísta de mi parte irme, porque sería arrancármele a los cariños que están allá en México, pero me doy cuenta también de que es egoísta cerrarme al cariño que me espera a cada esquina. Al final no sé que quiero, quiero ser múltiple y no tener que tomar una decisión que niegue lo demás. También quiero escribir una novela, no con aspiraciones literarias, sino buscando la mera satisfacción personal. Ahí quiero ser todo lo egoísta posible, a mi manera. No pensaré en un lector en específico, no pensaré en decir algo en particular. Es por eso que no se me ocurre nada. Dar tiempo al tiempo.
Tengo sudor seco sobre el cuerpo.
En un par de días empezaré a recorrer la ciudad velozmente. Falta tan poco que me da miedo.
Yo tengo un problema con el tiempo, el no entiende que debe seguir mi ritmo. No se da cuenta que simplemente me hace quedar mal con sus velocidades fuera de lugar. Llego tarde, se pasan los días y al final gasté mi energía en intentar sin lograr.
Me daré un baño sin saber bien qué hacer después. Opciones múltiples.
Investigar de una beca en la USP porque la UNAM me niega toda ayuda. Pensar en conseguir un trabajo temiendo porque eso me quitará tiempo y el tiempo y yo tenemos problemas, porque no sigo su ritmo. Pero no podré hacerlo entender, a pesar de mis esfuerzos. Ojalá no hubieran castrado a Cronos, igual y daba para que salieran más musas, una para cada uno, de hasta tres o cuatro. Luego que la economía se encargue si nadie trabaja.
Me pregunto si en algo de todo esto habré madurado un poco, como para decir: En Brasil crecí.
Pura popo. En Brasil aprendo de algo que no soy capaz de decir, porque no sé si aprendo o desaprendo. Además tendría que ser profeta o un buen escritor como para hacerle creer al lector que realmente hay en mi algo diferente.
Me dijeron que he perdido un poco de mi acento, eso me ha hecho pensar y me divierte.
Tengo ganas de quedarme, pero tengo que regresar. Quedarme...

domingo, 11 de abril de 2010

Fragmentaciones varias

Ya casi van dos meses que estoy fuera de México, falta poco, una semana tal vez. He pensado en eso porque ya empiezo a tomar otro ritmo y crear otras relaciones, de forma que las otras de repente me parecen lejanas, me estoy alejando porque la distancia no lo es todo, pero es un factor importante. Si buscara mantenerme cercano a todo lo que se quedó allá no podría hacer nada aquí, en esta mi otra realidad que me pide quedarme, con voces y no con sensaciones. No recuerdo bien voces. A veces veo rostros familiares en personas desconocidas y me río un poco en mis adentros, apenas diciéndole algún amigo lo que veo, lo que pienso y lo demás lo digiero solo. Lo que siento, eso lo dejo para otras cosas, lo guardo para estallar después en dibujos y escritos, cualquier cosa, una mujer si es que algo así se cruza en mi camino y se arriesga a eso. Lo guardo para hacerme más irracional. Olla de presión.
He escrito cosas que parecen versos pero que reconozco débiles como para llamarlos así, aunque no seré yo el que los niegue, son míos y tienen mi arritmia, mi falta de sutileza y un poco de sinceridad, también mi caos y mis relaciones inconexas. Son escritos míos y por la forma en la que los escribí son muy yo, con lo que eso pueda significar, aunque todavía no los hago burlarse de sí mismos y de todo lo demás, les he guardado la risa para después. Escribo sin pensar, apenas teniendo en cuenta que la lengua tiene que comunicar, pero no pienso en lo que plasmo, sin intención alguna, sólo pongo texto tras texto. Quizá a alguien le sirva, a mí me entretiene. Puede que después decida escribir con finalidades más trascendentales, con ganas de decir algo importante, con menos posmodernidad, con menos individuo y más otro, más demás, más ustedes, más la banda. Ahora escribo rascándome la barriga y teniendo pie en el frío, sin querer decir nada, sólo veo como salen las letras, incluso las borro para ver como desaparecen los contextos. (Imagina estas locuras en verso, sólo hago prosa que fragmento en cosas como versos). Cuando decida escribir como hombre de oficio yo mismo tendría que reírme de eso. Ojalá me paguen.
¿Cómo será regresar? Me quiero ser muchos para hacer nada con más enfásis de contemplación.

sábado, 3 de abril de 2010

Floripa!

Mi viaje a Florianópolis fue... además de un conjunto de acciones al lado del mar, una reflexión inconstante de mi levedad de cáracter, es decir, siento que me falta agitar el fondo del mar con movimientos torpes. Las acciones tienen más sentido que mis reflexiones, porque discordan. Mis reflexiones apuntan a hacer más, más todavía de lo que hice, cansarme, agotarme, ser casi heróico y caminar kilometros inimaginables, llenar computadoras de fotos, pilas de escritura, esbozos y dibujos. Me desespero porque quiero más, no me soporto tan estático, tan expectativo, no cuando tengo la capacidad de volverme loco.
¿Aventuras de Florianópolis? Soy tan tranquilo que si algo pasó como para contarlo no me parece que deba contarlo. No veo sentido en decir que no le quitaba los ojos de encima a una artesana uruguaya porque creo que todos deberían verla como yo la veía, la variante está en qué hacer. Pero incluso si fuera yo capaz de seducir a voluntad no hubiera hecho nada porque no encuentro sentido en irrumpir tan bruscamente en la vida de nadie, prefiero ser incluido, llamado y entonces podré hacer todos los destrozos que no quiero.
Como toda experiencia está llena de personajes extraños y que a veces se llega a pensar inolvidables, pero se olvidan. Yo todavía no olvido un par, al menos no me olvido de mí. Porque entre tanto uruguayo, argentino y brasileño, un mexicano tenía que ser una cosa extraña.
Hay cosas que contar, bastantes porque fueron cuatro días sumergidos en otra ciudad, otro pedo pues. También era lo mismo.
La playa no le gana a Bayahibe. Pero creo que no hay playa en el mundo que pueda hacerme cambiar de opinión, apenas les permitiría equipararse un poco, pero ninguna como ella, ninguna mejor. A las demás playas del mundo podré guardarles cierto cariño, o anhelar conocerlas, como las playas de Bahia, más ahora que leo más y más a Jorge Amado. El último que le leí lo acabé hoy, Mar muerto, pfff...
Pero Bayahibe es la playa de mis amores.

jueves, 1 de abril de 2010

Transcripción de anotación en un cuadernillo casi lleno

Voy a llenar el silencio con mi propia voz y los espacios vacíos con los colores que salen de mi alma.

martes, 23 de marzo de 2010

A dor de pensar (cita)

A inteligência lembra uma varinha de condão: graças a ela, tudo o que dormia o sono da nada, incluindo o próprio Homem, acorda para a existência. Ser é ser objecto de conhecimento. A mesma varinha, porém, por um uso intenso e persistente, acaba por esvaziar de realidade as coisas, fá-las regressar ao nada de onde vieram. É um instrumento de destruição que vitima aquele que o maneja, lhe provoca a dor da universal ignorância, a sensação de tactear nas trevas, e ao mesmo tempo o cansa, o corrói, mina as condições elementares de felicidade.

Jacinto do Prado Coelho, Diversidade e unidade em Fernando Pessoa.

miércoles, 17 de marzo de 2010

A 17 de marzo de 2010

A un mes de vivir en Brasil

A un mes... De repente ha sido poco tiempo, poco tiempo para conocer la ciudad, no he conocido el centro, no he conocido todas sus calles, no he conocido el pensamiento de otros estudiantes de literatura, no he entrado a las favelas, no he comido una tonelada de feijoada ni de maracuyá, no he participado de partidos internacionales, no he bailado samba a la luz de la luna, no he bebido cachaça como idiota, no he encontrado cigarros brasileños que hablen bien del fumador nacional, no he tenido tiempo de tener saudade de aquello que dejé con mi viaje, no he escrito una gran obra y no he vendido dibujos a los brasileños ricos que se atreverían a pagar mis desvaríos pictóricos, no he sido el explorador tenaz e inaudito que todos querrían ser y que por lo mismo nadie es capaz de ser, no he encontrado casas de fado, no he escuchado poesía en voz alta entre gente aburrida que se queda en que la poesía es escrita, no me he hecho un experto en la cultura culinaria, no he roto el cielo con mi humanidad ni siquiera he juntado plumas como para decir que desplumé un pollo para hacerme alas, no he desayunado con una familia brasileña, no he gritado en español despechos o pasiones, no he robado libros que nadie leerá, no me revolcado en otras sábanas, no he roto botellas por descuido ante la inestabilidad de la realidad.
A un mes no he sido lo suficientemente precoz como para decir que Brasil me ha devorado y no tengo preocupación alguna al respecto porque el tiempo, como ya dijo un amigo, "es como mi baba" (o algo así de frito).
A un mes dejo que mi existencia sea leve, como el viento que pasa y el que crea que soy un idiota que deje de quejarse y venga aquí a hacer lo que no hago y me exige porque mi ritmo es otro, arrítimico, impar, caótico, impulsivo. Si alguien tiene algo que reclamarme que prefiera construir su propia experiencia y deje de buscar en mí la satisfacción de un deseo frustrado. Si alguien tiene algo que envidiarme que se ponga unos tenis y empiece a caminar con dirección a Ipanema, a Ilheús, a Salvador, a Floriánopolis, a Rio grande do sul, a Canudos, al Amazonas.
A un mes siento que el tiempo se me va, pero no que tengo que hacer de cada segundo algo que valga la pena, eso se lo dejo a personas ambiciosas de historias. Yo en cambio me tiro en la cama y pienso en descansar un poco leyendo y dibujando en espera de que mi cuerpo sea capaz de perderse en esta ciudad y odisearla con el ímpetu de niño desbocado y pregunton, pero evitando ser insoportable.
A un mes me doy cuenta que a mi ritmo le falta acelerarse y satisfacer el instinto vagabundo.
En medio de reflexiones inconexas apago esta máquina del demonio y empiezo a satisfacer necesidades. Empiezo por comer.
Boo ju. Abú.

lunes, 15 de marzo de 2010

Reflexión acerca de la idea de ciudad

La modernidad trajo consigo un concepto que ha modificado el paisaje humano de manera casi irreversible. La ciudad es en primera instancia un lugar isolado al exterior natural, una cápsula de hombre por el hombre. De la idea de modernidad se desprende la necesidad terca de hacer de este espacio ajeno a todo lo que pueda ser natural, calles rectas, trazas iluminación constante, movimiento constante, silencios, ruidos sin armonía, calentamiento global y no hay playas suficientes para darle sentido a las ciudades. Una ciudad que todavía tenga cultivos hará lo posible por devorar todo aquello que es ajeno al gris natural de su asfalto, de sus edificios tan planeados que resulta erecciones artificiales del intelecto humano, de sus cavidades con secreciones de cualquier cosa, de hombre, de máquina, de bestia, de basura, de ley, de política, de economías y ciencias y todo se opone a aquel de callo, más callo que carne. Seres de la tierra, sin zapatos y sin dentista que caminan sobre una misma tierra en un ser generacional largo, vetusto y mítico.
Esa es otra cosa, las metropolis no quieren saber de mitos vivos, los quieren muertos y disecados en museos sin darse cuenta que los mitos ahí están afuera de la ciudad y con vida, una vida deforme de modernidad, pero es su vida, sumergidos en un agujero en la tierra siguen latiendo con un ritmo de llanto.

sábado, 6 de marzo de 2010

Impresiones de São Paulo

Intentaré plasmar aquí lo que he visto, para que el lector tenga una opinión propia de lo que es la ciudad, aunque mi perspectiva misma se plasma con lo que escribo y esas implicaciones de la escritura y creación, etc. Así que a pesar de tener una intención de escritura, escribiré sin mucho reparo en ello. Huevos para quien creo que está mal, sólo procuro que las cosas fluyan. Sin genialidad incluso, eso se lo dejo a personas que imprimen mayor esfuerzo en su oficio.
En São Paulo la gente puede tomar en las calles y la vida es cara. Cada viaje en ônibus sale en 2.70 reales. El precio de la comida varía, en la universidad sale en 1.90, pero las filas son largas. La universidad pública está llena de gente que podría pagar privadas y las privadas de gente que tiene que esforzarse por pagarla. Los contrastes sociales y la ideología todavía son cosas sobre las que no he conseguido tener una idea clara por falta de convivencia con brasileños, a pesar de que vivo con varios.
La universidad hace fiestas, como la de ayer que fue una de las grandes del año. Llena de gente que baila y corea música de los 80 y 70. Cosa que me gustaría importar a mis latitudes natales, pero que no se desarrollarían de la misma forma. La ciudad universitaria está llena de árboles enormes y el clima es húmedo, por lo que tengo que tener mi cuarto ventilado si no quiero tener hongos en las paredes, aunque no me molestaría darle esa atmósfera de ruina. Hablando entonces de la universidad tendría que decir que las facultades se dividen de tal o cual forma, ya que eso habla de la forma en que se concibe y estructura el conocimiento. La FFLCH (Fefelechi) es la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas. Aquí Pedagogía tiene su propia facultad. La FFLCH le da cabida a letras, filosofía, ciencias sociales, historia y geografía, para la cual tiene 3 edificios con bebederos y cosas como baños y copias.
Dos camiones circulan dentro de la universidad constantemente, pero todavía no sé qué trayecto siguen, apenas lo intuyo. Las copias están a 0.80 reales. A la biblioteca no se puede entrar con mochila. Está prohibido fumar dentro de las instalaciones de la universidad. El tráfico es de ciudad grande. Hay mucha gente blanca, también japoneses o hijos de ellos al menos. También hay muchas pizzerías y curiosamente me he encontrado con mucha gente que habla español, lo que me hace sentir un poco idiota porque de repente mi portugués se queda en mi bolsillo por largo rato. Los horarios de clase tienen un hueco de 12 a 19 horas, al menos en mi carrera, pero puede que sea yo medio despistado y no sepa bien de lo que hablo.
La burocracia es un mal común de la humanidad. Me tardé unos 4 días en ver la primera patrulla en la ciudad. Cerca de mi casa hay una banca de frutas que está abierta las 24 horas.
Estoy crudo.

domingo, 21 de febrero de 2010

17 y 18 de Febrero.

17 de Febrero de 2010
Tomo el vuelo a Sao Paulo.
Mis padres fueron a despedirme, lo que me recuerda que llegué a preguntárselo a mi papá, su respuesta fue un enojo por que la respuesta era obvia, pero a veces no reconozco obviedades. Dos personas más fueron a despedirme, Mauricio y Carolina, quiénes me conocen tienen cierta idea de quiénes son y pueden explicarse su presencia con conjeturas, quién no me conoce puede jugar a inventar historias, eso me importa poco. Estaban los cuatro ahí. Faltó mi hermano, tenía clase.
Supongo que los aspectos de la despedida pueden despertar expectativas, pero es sólo una dinámica de alegrías y tristezas que se mezclan, también un poco de llanto. Yo no lloré, no tengo esa costumbre.
El vuelo fue largo, pero no soy capaz de responder un número sin equivocarme. Las medidas no las consigo entender, al menos creo que de ahí viene mi equivocación, la otra puede ser que soy medio idiota, pero eso es cuestión de perspectivas y la una no niega a la otra. Durante el vuelo me límite a sentir lo que es el hecho de realizar la lejanía. Me refiero a que la idea de distancia no la había asimilado hasta comenzar a estar muy lejos. Supongo que es la costumbre de volar.
Lo demás sería hablar de cuántas veces fui al baño o de lo que comí y lo mala que puede llegar a ser la comida de avión, pero eso no me importa. Vi la película de Astroboy e hice un par de anotaciones, nada importante cuando se releen.
En Colombia tomé el avión a São Paulo y ahí me divertí con el cambio de atmósfera, muchos brasileños y un mexicano con un libro de Arreola en la mochila que no abrí más de tres páginas. Estaba cansado y me dormí, un sueño intranquilo pero con ventana. Obscuridad y obscuridad. Hubo un momento en el que me desperté. El avión volaba sobre el amazonas. Esa oscuridad ahí abajo no era una obscuridad cualquiera. Si hubiera podido sacar la cabeza... Sentí, quizá por saberlo, que el amazonas me tragaba. ¿Cómo lo supe? El avión tiene un aparato muy curioso que indica la posición del avión respecto al globo terráqueo. Ahí estaba yo, cansado, despertando para saber por una pantalla que estaba sobre el amazonas, un pedazo de tierra que late.
Cuando volví a despertar casi aterrizábamos, yo y los demás. 2 de la mañana hora de México, 6 hora de São Paulo. Era casi como estar crudo, sumergido en una resaca de tanto aire y cielo. Cuando el avión aterrizó todavía estaba oscuro, cuando salí del aeropuerto rumbo al hostel ya era de día y mis ojos se comenzaban a cerrar. En el hostel me dormí, 4 de la mañana hora DF. Desperté hambriento cuatro horas después listo para poner a prueba mi portugués chilango. Encontré un restaurante de Slow food, donde cobran por kilo. Después caminé con Faros en el bolsillo y una tutsi pop en la boca, la cual estaba conmigo por mi manía de tener dulces para ocasiones particulares, aclaración que hago porque tengo otras 5 que responden a otro tipo de circunstancias. Soy un niño.
¿Qué hice en mi primer día en Brasil? Salí con una peruana que también está de intercambio. Visité el Memorial de América latina y después fui por cerveza al Tribunal (el nombre me da gracia por la posibilidad de juegos de palabras que no hago) donde encontramos a unas amigas de la prima de la peruana, que por cierto, tiene familia en la ciudad. Bebimos y bebimos para que después me dejaran en mi hostal.
La vida es bella.

martes, 16 de febrero de 2010

La última noche

Ha sido un día largo en tanto llevo 12 horas despierto y viendo gente, encargándome de despedidas fugaces, pero que algo han de tener de significativas. Ahora ceno frente a la computadora preguntándome cómo debería sentirme, pero no logro conseguir nada y creo que en eso reside mi respuesta. Es sólo un viaje, largo, claro, pero sólo un viaje, con regreso y cambios. Qué carajos, ante un viaje hay dos emociones de fuerza: el entusiasmo y la saudade (cierta añoranza o nostalgia, tristeza pues). Siento ambas cosas, pero ninguna de las dos importa realmente. Es como ir a caminar, dar una vuelta, pero ahora más lejos, con más tiempo y esas cosas. Basta con aumentar la distancia y la duración para que las cosas tomen sentido, un aumento en la potencia y las cosas se vuelven importantes. Basta con preguntarle a cualquier obeso o anoréxico, ellos saben de esas cosas, las viven.
1.09 am Ya es 17, el 17 me gusta como número. Un evento de mi sola incumbencia me arrancó del proceso de escritura, el cual por ser yo tan prosaico me ha arrebatado toda oportunidad de continuar esta cosa. Me alegra, valía más la pena.
Lo que me recuerda, he estado reflexionando respecto a la utilidad de la poesía, de la lírica. Piensa, piensa, piensa... Me voy a cambiar los pantalones, es hora de la piyama, fresca y limpia, al menos más que los pantalones. Dicen.

lunes, 15 de febrero de 2010

Dilemas de la maleta

Pensé que lo tenía todo listo, entonces mi mamá me hizo una pregunta pertinente: ¿Llevas toallas? Pues sí, supuse. Pero no, no llevaba nada para secarme, sólo cosas que mojar. Antes un libro que una toalla, antes un cubrealmohada que una toalla. Ahora, ante la intromisión de esas dos enormidades de tela debo replantearme: Realmente llevo lo necesario o ya empecé a hacerle a la mamada. Neceserio o mamada. Las mamadas también son necesarias, más que las toallas incluso. Pero aún así debo pensarlo a fondo, hay cosas que puedo dejar como las piyamas, la ropa elegante en caso de que algún día tenga que vestirme bien, mi peluche en forma de Tiburón que se llama Víctor y sin el cual no puedo dormir, el número excesivo de calzones porque temo que el sudor tome posesión de todo. A eso hay que sumar que debo llevar, no para mí sino para los demás, mexicaneidad, la cual se reduce a chile.
Me he despertado este lunes pensando en que ya casi es miércoles, que me tengo que bañar, quejarme por la maleta y no hacer nada, visitar amigos, comer, leer, fumar pensando que me voy de forma melancólica para que alguien diga: se ve bien y sobre todo tragarme una nieve de maracuyá y un agua de horchata que son cosas valiosas de la existencia, si es que sabe usted lector de qué hablo.
Paso toda la música que puedo a la computadora que llevaré, en un afán de no quedarme sin nada de lo que aquí tengo y no uso. Además, tengo esa horrible certeza de que voy a olvidar algo, lo que en realidad será sólo un buen chiste, algo que contar, una buena manera de empezar una crónica de un viaje largo que al volver me parecerá corto.
Por otro lado, qué voy a saber yo de un viaje que no he hecho.
También me corté el pelo, oh querido diario.
No me puse desodorante otra vez.

lunes, 8 de febrero de 2010

Tic-tac...

Hay algo así como un reloj que me recuerda que me voy el 17 a São Paulo, digo, es un calendario, pero parece reloj, mide tiempo y esas invenciones del hombre como las efemérides que siempre son un buen descanso de lo cotidiano, que no es tan malo, pero que bueno es darse un descanso.
¿Qué implica que pasen los días? Simple, una leve sucesión de hechos que se han hecho y una inmensidad de acciones por hacer. A cada momento surge algo nuevo, otro detalle. No lloriqueo, sólo me quejo y me pedorreo, total qué más da, lo terminaré haciendo, todo lo que se tenga que hacer, sin que eso signifique que no deje de lado cosas, sino más bien que le echaré la culpa al destino en la misma actitud gorda de quejas y flatulencias.
Con todo y todo hago lo posible, debo aprovechar el tiempo. Eso de aprovechar el tiempo me hace pensar en no dormir y algo como drogarme mucho, cafeína, cocaína, taurina, quesadilla, Lidia, axila, orina y cosas de esas, seguro ponen chido.
Pero un buen ejemplo del absurdo es que a pesar de todo mañana seguramente no tendré nada que hacer y me pondré a leer tranquilamente para que cuando llegue la noche diga de nuevo: Chale, tengo un buen de cosas que hacer y ya mero me voy.
Ya mero me voy, pero al menos ayer hice la traducción de un fragmento de una novela de Jorge Amado, quizá mañana la revise y después la use de avioncito. Vuela literatura, ¡vuela!